domingo, 30 de noviembre de 2014

#7 Mi rincón

Espero que os gusten las imágenes que os traigo. No sé pero últimamente me ha dado con Harry Potter.




sábado, 29 de noviembre de 2014

Cazadoras de Artemisa

Una mañana fría de invierno, Artemisa iba de caza por los valles perdidos de una montaña. Sigilosa e invisible, siguiendo el rastro de sus presas: olvidar el Olimpo y cazar.
Flechas volando. Blancos cayendo. Silencio. Silencio que se rompió en el instante en el que un grito de dolor desgarró el valle.

Más sigilosa aún se acercó al punto del que procedía el grito. Una de sus presas. Un joven con una flecha clavada en el costado.

Culpable por lo ocurrido, la diosa llevó al joven a una cueva cercana donde curó sus heridas mientras él se removía y gemía de dolor.

El joven, inconsciente intentaba dormir. Artemisa decidió guardar el sueño del joven mientras estuviese inconsciente. Pero el destino jugó una carta importante. La vida de la diosa atravesó la mente del joven y la del joven atrapó la de la diosa. Ambos crearon un mundo diferente y alejado en el que se conocían sustituyendo en la memoria la flecha clavada en el costado del joven y la cueva. 


Ninguno consiguió recordar la razón por la que estaban allí y, al levantarse se encontraron cara con cara. Un beso fugaz y una huida. Ambos habían caído en las garras de Afrodita, que pensó que sería el día más feliz de sus vidas. Pero ningún mortal debe permanecer por siempre al lado de una diosa, o si no, el final de esta historia hubiese sido feliz.

El joven recordaba a Artemisa. Sabía que debía encontrarla, y la buscó por Grecia entera. Artemisa había tardado años en conseguir que los dioses le ofrecieran la inmortalidad a su amado. Los falsos recuerdos de aquel día seguían grabados en su memoria.

Artemisa encontró al joven. Bailando en una fiesta con otra mujer. Habría sido como mirarse al espejo. La furia se encendió en su corazón quemando cualquier rastro de amor por el joven que pudiese quedar, porque ahora le pertenecía a otra persona.

Artemisa descubrió que los mortales pueden llegar a herir los corazones de los dioses y que nadie debía sufrir eso. Que no volvería a verse tentada por Afrodita. Que el amor eran cuentos que acababan en desgracia. Y proclamó que sería doncella de por vida: alejada de las vidas mortales y de las de aquellos dioses a los que, aún hoy, les son indiferentes los corazones.

martes, 25 de noviembre de 2014

#3 Alyssa

Mi madre me miró en silencio durante unos instantes. Ordenando sus ideas. Sabía lo que tenía que decirme pero no sabía cómo. Parecía como si se llevase esperando la pregunta mucho tiempo. Decidí sentarme, y, entonces empezó a hablar.

—No sé muy bien cómo contarte esto —su voz sonaba como siempre, no temblaba, no tenía miedo de decirme esto; no se echó a llorar: había asimilado que este día llegaría— creo que hoy tienes que enterarte de muchas cosas... ¿te ha ocurrido algo raro últimamente?

Durante todo el tiempo que he estado en Irlanda he intentado mantener a mi madre alejada de todo lo que me pasaba. Evitar que ella sufriese más por mi, evitar que tuviese más cosas de las que ocuparse. Pero en ese momento supe que tenía que compartir esas cosas, porque si no, no ayudaría a saber cosas sobre mi.

—En el instituto no suele ocurrir nada extraño. De vez en cuando hago que alguna planta crezca mucho y que cubra las paredes... pero nadie me suele pensar que soy yo, no creen que esas cosas puedan pasar, pero hoy —hago una pausa larga, intentando descifrar lo que pensaba, sin embargo parece como si se lo esperase, como si se hubiese enterado de todo por mucho que intenté guardar las distancias con ese tema—, hoy ha pasado algo más grave. Han estallado unas macetas en clase y... y ha venido alguien a verme... vino volando y me dijo que no era humana. Creí que era una broma, pero ahora no me lo parece... se llamaba Will...

—Will... —susurró mi madre–. Cariño, puede que esto te cueste asimilarlo. Pero deberás hacerlo rápido. No te queda mucho tiempo para lamentarte. Aunque puede que te enfades con migo. Yo solo he buscado los momentos que creí adecuados para decírtelo –hablaba segura y sin vacilar, no quería decirme las cosas delicadamente para que no sufriera, pero no había tiempo.

–Espera. Hay más. Hoy he tenido un sueño. Parecía real. Estaba en casa y luego... luego aquí. Y había alguien que dijo algo sobre una tormenta... una advertencia para que me alejase y pudiese vivir... era muy confuso.

–Ha comenzado... Alyssa tenemos poco tiempo para contarte esto –parecía que había encajado la última pieza del puzzle, uno que trataba sobre mi y que ni siquiera he empezado a resolver–. Will tenía razón, no eres humana.

–Mamá, no lo entiendo –me costaba asimilarlo, era como cualquier otra persona por fuera y supuse que por dentro también; ya me lo habían dicho, pero viniendo de mi madre supe que iba en serio–. ¿Qué soy?

Otra vez esa pregunta. Me había dispuesto a averiguarlo costase lo que costase.

–Puede que te cueste asimilarlo. Eres una mestiza –mi corazón se encogió; esa palabra... recordé mi ventana. Aún no sabía lo que significaba. Aún no sabía lo que era. Pero había dado un paso–, una semidiosa. Eres hija de un mortal y un dios.

Mi cabeza se puso a trabajar. Mi padre... mi padre era mi padre y mi madre una diosa. ¿Entonces qué hacía con la persona a la que creí mi madre? Pensé en mis poderes. Creo que lo entendí mucho mejor. Una de las clases que me habían atraído era la mitología, mitología griega, puede que fuera eso: hija de una diosa griega. Ahora no me pregunto si todo eso es real. Por mucho que digan que la magia no exista, tengo poderes, creerme que los dioses existen no es muy difícil.

–Por eso tienes tus poderes. –Recordé algo de las clases de mitología. Los dioses controlan cosas: Zeus el rayo, Poseidón el mar. Quizá sus hijos heredan sus poderes. ¿Quién sería mi madre? Algo relacionado con plantas–. Tu madre es la diosa de la agricultura... puede que lo entiendas mejor si te digo que básicamente es la diosa de la naturaleza: Démeter.

–¿Démeter?

–Sí. Tu madre es ella.

–¿Y por qué no estoy con ella? ¿Por qué no está aquí siendo mi madre? ¿Por qué estoy contigo?

Por un momento temí que la pregunta la afectara. Pero no pareció inmutarla.


–¿Por qué? ¿Por qué? Se supone que soy su hija. Se supone que una madre tiene que estar con su hija. No abandonarla. No debería irse –dije con furia. Seguí despotricando. ¿Por qué una madre abandona a su hija? ¿Qué clase de madre hace eso? Ah... sí... una diosa. Se creen intocables. Estaba furiosa. Muy furiosa.

–¿Y tus hermanos? Ellos puede que piensen lo mismo: ¿por qué su madre les abandonó?

–¿Her... hermanos? –su revelación me había sorprendido, de todas las cosas que pensé que iba a descubrir hoy, esta era una de las únicas que no había pensado– ¿Quiénes son? ¿Por qué no los conozco?

Durante todo este tiempo pensé que estaba sola. Sola con mi madre. Nunca había pensado en otros familiares. Nunca me hablaron de abuelos o tíos. Y mucho menos de hermanos. Ahora quería encontrarlos.

–Son hijos de Demetér también. Hijos de otros padres. Ahora... ahora están en un lugar en el que te reunirás pronto con ellos. A ellos Deméter también los abandonó.

–Dioses... –susurré.

–Sí, dioses. Abandonan a sus mestizos. Es complicado, pero nunca te crías con ellos. Sn tus padres, pero permanecen tan distantes que es como si no existieran. No se les llega a entender muy bien. Pero sus normas son estrictas.

–¿Y tú? –solté casi sin pensar– Papá murió y mi madre es Démeter. ¿Quién eres?

Era lo primero que había querido decirle desde que bajé las escaleras. Era una pregunta que necesitaba respuesta ¿quién era la persona con la que había pasado toda mi vida? Ahora me resultaba una completa desconocida y no sabía nada sobre ella. Nunca le había preguntado sobre su pasado.

–Es complicado –hizo una pausa larga–. Poco después de que tu padre muriera naciste. Démeter no sabía que hacer contigo. Ella no podía criarte en el Olimpo, nadie lo habría permitido. Los hijos de un dios son importantes para el y aunque no pueden estar contigo siempre te tienen vigilado, de una manera u otra, a todos sus hijos.

>>Podría haberte dejado en un orfanato, pero ella necesitaba que cumplieses algo importante, y quería asegurarse de ello. De que cumplieras el destino de las Moiras. Así que acudió a mí.

Se me juntaron muchos pensamientos al mismo tiempo: ¿Moiras? ¿Por qué una diosa necesitaba que cumpliera un destino? ¿Por qué confiaron en mi madre? ¿Y quién era ella? Pero siguió hablando, despacio y haciendo muchas pausas, asegurándose de que lo comprendía.

–Yo trabajaba en el museo de Ciencias Naturales de Central Park. Me dijo que debía asegurarme de que librases la batalla. De que fueras al campamento en el momento adecuado. Y que conocieses a Will, porque él tiene la otra parte de la profecía. Y que te ocultase de los males. En su momento no lo entendí, pero creo que ahora ya lo entiendo.

Más preguntas y Will volvía a aparecer. Me tomé un tiempo para asimilar la información y organizar mis pensamientos.

–¿Por qué debo librar una batalla?

–Eso es aún más complicado. Cuando piensas en dioses piensas que son poderosos e indestructibles, pero no es así, ni mucho menos. Pueden valerse por sí solos, pero ahora es diferente. Ahora el mundo ya no cree en ellos. Necesitan un apoyo. Necesitan al los semidioses. Alguien que les ayude. Y les costó entenderlo, que ya no eran el centro del mundo y que necesitaban a los semidioses para librar algunas batallas. Y ocurrió hace muy, muy poco.

>>No puedo saber lo que ocurrirá en un futuro, pero los dioses no se suelen equivocar, y te van a necesitar. Al igual que tú necesitarás a Will.

–Moiras... profecía... males... No lo entiendo.

–Es normal que no lo entiendas. A todos los hijos de los semidioses les persiguen monstruos y les atacan. He intentado que no se dieran cuenta de que hay una mestiza en Irlanda, al igual que lo intenté en Nueva York, pero cuando ocurrió eso supe que si no era el gobierno, serían los monstruos los que te perseguirían

–Pero de allí nunca vino nadie a buscarnos. Ni se vio en las noticias...

–Gracias a tus hermanos. Ellos lo ocultaron todo. Esconderte de los monstruos no fue tan fácil, a ellos no les afecta la niebla. Per conseguí que ninguno te encontrase.

Me quedé pensando un rato. No era fácil asimilarlo todo de golpe, pero intentaba hacer un esfuerzo. Aún seguía sin saber nada sobre el campamento, qué era la niebla, quién era realmente Will, qué eran las Mioras, no entendía lo de la profecía y no me quedaba claro quién era mi madre y por qué Deméter confió en ella.

–Mmm... ¿qué puedes decirme sobre la profecía? ¿Cómo sé cuál es?

–Los oráculos suelen ser los que tienen las profecías, pero nada impide que los semidioses no tengan profecías o visiones a través de los sueños. Suelen tener sueños raros. Algo que te avisa sobre algo futuro...

–Mamá, la voz del sueño.... creo que era la profecía. Pero... nunca antes he tenido sueños raros. Ni otras profecías...

–Eso es porque ya está empezando. Está llegando la hora en la que ya no podré protegerte de los monstruos, ni mantenerte alejada del campamento, necesitas aprender a defenderte sola.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Debía irme. Mi madre había estado haciendo estos años mucho más de lo que me imaginé. Pensaba que ahora vivía tranquila, que no debería volver a salvarme, pero la dura realidad es que la di mucho más trabajo del que pensaba. Ahora si no aprendo a defenderme sola, podrían hacerle daño a ella también. Y eso no lo podía permitir.

–¿Cómo era la profecía?

Hice un esfuerzo por recordar las palabras exactas, pero salieron solas.

–Aquellos que veces huyen de nosotros, aquellos que derrotan a los legítimos líderes de la Tierra, sufrirán por siempre, allí donde vallan serán seguidos. La tormenta no ha comenzado, pero nadie se espera que nosotros demos el siguiente paso. Es una advertencia aléjate y vivirás.

Mi madre se quedó pensando un rato con expresión más seria que antes. Al ver que no decía nada empecé a pensar. Tormenta.... no, definitivamente no debía de ser una tormenta como tal. Seguramente algo que tuviese relación con lo de sufrir. Lo que tenía menos claro era dar caras a "los que huyen de nosotros" y "los legítimos líderes". ¿Legítimos líderes? ¿Será algún gobierno? No, ahora que sé que la magia y los dioses existen, creo que esa opción queda descartada.

–No creo que sea una profecía. Es lo que ha dicho, una advertencia. Puede que no la hayas tenido aún, o que sea más complicado de lo que crees.

–¿Entonces debo alejarme? ¿De qué?

–No, no Alyssa. Esto es un poco más complicado... nunca debes abandonar a los semidioses, nunca debes fiarte de los que te digan eso, ya sean Gigantes, Titanes o monstruos. Ninguno va a perdonarte la vida. No te fíes de ellos. Quédate con el resto de semidioses. Es mejor morir luchando que morir siendo una traidora.

Sus palabras me dejaron helada. ¿Iba a morir? ¿Titanes y gigantes? Ahora tenía miedo de ir a donde fuese que debía ir. Sin embargo, las palabras de mi madre se me quedaron grabadas en mi cabeza más profundo de lo que creí: "Es mejor morir luchando que morir siendo una traidora".

Pero necesitaba respuestas: sobre mi madre, la niebla, las Moiras, Will, el campamento, mi madre. Ella sabía demasiado, demasiado sobre esto. Tenía que preguntarle por qué.

–¿Por qué sa...?

En ese momento la puerta se abrió. La luz del sol poniéndose no me dejaba ver qué o quién era lo que había delante de la puerta.

–Alyssa, ha llegado la hora de marcharse. Espero que tengas hechas las maletas.

* * *

Ánimo a todas mis compañeras de cabaña. Gracias a Gleinsmar y a Laura por inspirar esta historia y por estar ahí. ¡Ánimo Deméter!

#1 Citas

Leyendo muchos libros me doy cuenta de que hay frases que merece la pena recordar. Entonces estoy aquí, transcribiendo esas frases. Empiezo con algunas de Sinsajo. Leyendo este libro por segunda vez para la relectura me di cuenta de que hay más de las que parece. Espero que os gusten.
  • Estamos hablando de un hombre que se ha pasado toda su vida adulta en el fondo de una botella, intentando anestesiarse contra los crímenes del capitolio. El chico de dieciséis años que ganó el segundo Vasallaje de los Veinticinco debió detener gente a la que quería (familia, amigos, quizá una novia) y con la que deseaba volver. ¿Dónde están ahora? ¿Cómo es posible que hasta que, hasta que Peeta y yo le caímos encima, no hubiera nadie más en su vida? ¿qué les haría Snow?
  • Tarda un minuto en reconocerlos, dadas sus condiciones actuales, pero se la ve consternada, y sé que no es por lo mal que están, porque ha sido testigo de cosas peores en el 12, sino por darse cuenta de que este tipo de cosas también ocurren en el 13.
  • –Katniss, no creo que entiendas lo importante que eres para la causa y la gente importante suele conseguir lo que desea. Si quieres mantener a Peeta a salvo de los rebeldes, puedes. [...]

    –Debería despertarte más a menudo, patito.

    –Ojalá lo hicieras –dice Prim, y me da un beso–. Intenta dormir, ¿vale?
  • –Podrías contármelo, ¿sabes? Se me da bien guardar secretos, no se lo diría a nadie. Ni si quiera a mamá.

    Entonces se ha ido de verdad, se ha ido la niña pequeña a la que le colgaba la blusa como si fuera la colita de un pato, la que necesitaba ayuda para llegar a los platos, la que suplicaba ver los pasteles glaseados del escaparate de la panadería. El tiempo y la tragedia la han obligado a crecer demasiado deprisa, al menos para mi gusto, y ahora es una joven que sutura heridas sangrantes y sabe que nuestra madre no puede enterarse de todo.
  • –Es más complicado, les conozco. No son ni malos ni crueles, ni siquiera son listos. Hacerles daño es como hacer daño a unos niños. No ven... Es decir, no saben... –Me enredo yo sola.

    –¿No saben qué, Katniss? ¿Que los tributos (que son los verdaderos niños de la historia, no tu trío de raros) se ven obligados a luchar hasta morir? ¿Que ibas a la arena para entretener a la gente? ¿Era eso un gran secreto para el Capitolio?

    –No, pero ellos no lo ven como nosotros –respondo–. Los educan así y...
  • Entonces queda clara su intención, su verdadera intención: a Gale no le interesa proteger las vidas de las personas que hay dentro del Hueso, no le interesa atrapar a sus presas para usarlas después.

    Es una de sus trampas mortales.
  • –Me parece que eso es cruzar una línea –digo–. Entonces, ¿todo vale? –Los ds se me quedan mirando, Beetee dudoso y Gale con expresión hostil–. Supongo que no hay ningún manual sobre lo que resulta aceptable o no hacerle a otro ser humano.

    –Claro que sí: Beetee y yo hemos estado siguiendo el mismo manual que el presidente Snow cuando secuestró a Peeta –responde Gale.

Con alguna de estas citas te paras a pensar. En el caso de la quinta es complicado. Claro que les educan así, pero a pesar de ello hay gente que sabía que aquello estaba mal y se rebeló; en su caso ellos estaban educados así, lo habían aceptado, pero ellos sabían que las circunstancias de los tributos no eran las mejores y no les desean mal, aunque los juegos están dentro de su cultura.

En el caso de las dos últimos descubrimos que a Gale no le importan las vidas de los que les hicieron daño y que lo único que desea es librar de Snow a los distritos a cualquier precio. Al igual que Coin. Le da igual cuantas vidas se pierdan, que al igual que la gente del 12 el resto tienen derecho a vivir y descubrir que viven en una injusticia (en el Capitolio), que las vidas, como dijo Peeta, no se deben malgastar tanto en los distritos como en el Capitolio.

lunes, 24 de noviembre de 2014

#6 Mi rincón

¡Cómo me gusta hacer entradas de estas! Encontrar la imagen perfecta para colocar.... nunca es fácil elegir solo entre cuatro. Por cierto, me encanta la segunda... es como resumir todos los libros en una imagen. 





¡Espero que os hayan gustado. Estoy deseando saber qué imágenes pondré la próxima vez...

domingo, 23 de noviembre de 2014

#1 El héroe perdido


El héroe perdido
Rick Riordan

Editorial: Montena
Saga Héroes del Olimpo (1/5)

Lo que he podido disfrutar este libro. Después de leer muy buenas críticas de él tenía ganas de leerlo. Aunque he tardado casi un año en leerlo, ya que me lo regalaron en navidades. Pero como leí La Pirámide Roja y su saga y algún que otro libro me disgustó, pensaba que este libro no iba a estar demasiado bien y que se me iba a hacer tan pesado como alguno de los otros... pero este libro me ha sorprendido en todos los sentidos. He reído como nunca y he estado todo el tiempo nerviosa, nerviosa por cómo pudiese acabar el libro. No leer el libro ni la reseña si no has leído la saga de Percy Jackson.








Tres semidioses.

Una profecía.

Y solo cuatro días para
lograr lo imposible.

Cuando Jason despierta, sabe que algo va muy mal. Está en un autobús camino de un campamento para chicos problemáticos. Y le acompaña Piper –una muchacha (bastante guapa, por cierto) que le dice que es su novia– y el que parece ser su mejor amigo, Leo...

Pero él no recuerda nada: ni quién es ni cómo ha llegado allí. Pocas horas después, los tres descubrirán no solo que son hijos de dioses del Olimpo, sino que además su destino es cumplir una profecía de locos: liberar a Hera, diosa de la furia, de las garras de un enemigo que lleva mucho tiempo planeando su venganza.








Como ya he dicho antes este libro me ha sorprendido. Es un libro lleno de misterio. Además es el primer libro que leo en el que aparece el Campamento Mestizo. Tengo que decir que este libro me ha resultado muy, muy entretenido y espontáneo. Los personajes tienen personalidades muy reales y además tienen el toque de ser especiales por algún motivo. Lo que menos me puede gustar delos libros de Rick Riordan pueden ser las batallas –pero en este libro no había muchas y se me han pasado volando, puede que por lo ingeniosas que eran o porque mientras sucedían ibas descubriendo secretos– y el límite de tiempo que les pone a los personajes, porque lees un libro que sucede en cuatro días pero entre uno y otro ha pasado medio año –pero en este libro el límite de tiempo no lo he notado tanto como en otros libros. Mi personaje favorito ha sido Leo. Creo que por la forma que tiene de tomarse las cosas o porque comprendo lo que hizo al morir su madre, y al "adoptar un dragón".

"Siete mestizos responderán a la llamada.
Bajo la tormenta o el fuego, el mundo debe caer...
Un juramento que mantener con un último aliento.
Y los enemigos en armas ante las Puertas de la Muerte"

El Campamento Mestizo me ha encantado. Dentro de él hay un nuevo mundo que vivir diariamente.... Me apunté a la iniciativa de los Dioses del Olimpo porque pronto leería este libro. Tampoco sabía mucho sobre el campamento, pero es un lugar que me ha encantado. El campamento tiene lugares misteriosos y lugares que me encantaron. Al final del libro cuando vuelven al campamento yo quería saber cómo eran las cosas allí, y vivir un "día normal" en el campamento debe de ser increíble. Las noches en el anfiteatro o lo extraño que debe ser el interior de la Casa Grande. Por no mencionar a los semidioses, cada uno más extraño que el anterior.


He de decir que el libro empezó con mucho misterio. Jason que aparece sin recordar nada y una excursión al Gran Cañón en la que todo sale del revés. Empecé este libro y no podía dejar de leerlo. Todo lo que pasaba era muy confuso y me mantenía enganchada. Cuando partieron en su misión, después del tiempo que habían pasado en el campamento conociendo sus cabañas –y el misterio de Thalía con las fotos que dejó en la cabaña–, a los campistas y pasando la noche en el anfiteatro, se volvió todavía más complicado. ¿Qué tenían que hacer? Había muchas cosas por hacer, pero ¿por dónde empezar?

Hay escenas que son vitales para descubrir el plan de Hera, son escenas de lo más extrañas, como el encuentro con Bóreas. Cuando leía el libro estaba intentando averiguar los trozos que me faltaban, porque con todos los spoilers que sabía, me faltaba poco. Sin embargo, a pesar de saber los spoilers, las escenas en las que los personajes descubren trozos de la anterior vida de Jason o por qué estaba él allí, me parecieron emocionantes. Además esta historia tiene muchas cosas que sorprenden y e dejan enganchado. Sobre todo está lleno de fantasía y aventuras. Aventuras que desde un momento te confunden ya que en 4 días hacen más cosas que en el resto de días de su vida. Y la fantasía, mitología griega. Es increíble cómo ha podido acoplar de forma natural al mundo real todas esas fantasías. Los animales, monstruos, el dragón Festo (sí, yo también creía que tenía alas... es un dragón), el campamento.....

Curiosamente, todos los dioses a los que visitan están locos o peor. Bóreas es extraño del todo, pero su encuentro fue muy importante, empecé a pensar muchas cosas y allí descubrí parte de todo eso en lo que estaban metidos (como cuando Leo descubre algo sobre Jason y Hera cuando están en el puente).  No recomiendo leer a partir de aquí si no habéis leído el libro entero. Y todos los espíritus que salen del inframundo ¿les ha afectado la muerte? Están más que locos, y estuvieron a punto de morir a manos de ellos. Pero sobre todo es el pasado de esos espíritus: en el pasado tuvieron sucesos extraños e "importantes". Fueron partes muy extrañas. Sobre todo por la patrona. Sabía que la patrona iba a ser "La Mujer Durmiente", pero ¿quién era? Eso me costó mucho averiguarlo. Desde el encuentro de Leo cuando tenía ocho años, la profecía que decía que evitasen la tierra tenían claro que esas dos cosas encajaban. Pero cuando lo descubrieron yo también me sorprendí que fuese Gaia (no me la imaginaba vestida con tierra o que estaría durmiendo y se estuviese despertando, aunque dormida fuese consciente de lo que ocurría, además me imaginaba que sería buena).


La hija de Bóreas es algo que me sorprendió del todo. Sí, prometió vengarse, pero me imaginaba que sería en otros libros. Y cuando apareció al final, con los lobos y con los venti... fue una de las cosas de las que no me había enterado muy bien. Se suponía que alguien había estado susurrando cosas a los dioses, como embrujahablando, pero no me imaginé que fuese ella. Y cuando Jason dijo lo de "Tú eres la que le dijo a Eolo que nos matase"... Reconozco que Eolo estaba muy mal de la cabeza, cuando anuló la orden de matar a los semidioses se podía estar tranquilo, pero luego la volvió a poner como petición de "una fuerza de la naturaleza"; claro que no lo entendía, pensaba que estaba loco, como siempre, pero ahora lo entendí. Supongo que el dios del viento debe hacer caso a las fuerzas que condicionan su programa. Tampoco me esperé que fuese ella la que heló la cabeza del dragón y no me fijé en que durante todo el viaje les habían asolado tormentas de nieve. Son cosas a las que no das importancia, pero que cuando llegas al final del libro dices: ¡Es verdad...! Y el final de su aventura, fue muy complicado, yo sabía que no iban a conseguir derrotar al gigante del todo, ni que Piper pudiese resucitar con el embrujahabla....; y  luego, el final del libro me encantó, no solo porque acaban en el campamento, en un día normal, y viven allí viendo cómo son los otros campistas, si no porque deciden ponerse a hacer el barco y descubren para qué se hizo el búnker, y una historia que nos da muchas pistas sobre la procedencia de Jason; también que empiece a recordar (no solo lugares y hechos y que grite "¡Por Roma!", si no por las personas) me da mala espina, ¡no quiero que acabe la aventura tal y como está! Solo una cosa más... ¿quién dibujó el barco de Leo en esa guerra de mestizos contra mestizos y por qué? Ay... qué ganas tengo de continuar con el siguiente libro... Voy a echar de menos a Festo sin ser dragón... creo que me he encariñado con él, igual que Leo. Al principio no pero ahora sí.

¿Lo mejor?: los personajes.
¿Lo peor?: las batallas.








Este libro me ha gustado mucho. No solo es el primer libro que leo sobre el Campamento Mestizo, es un libro que está lleno de aventuras y misterio. Un libro que ha llegado a ser uno de los que más me ha gustado.
Nunca se lee suficiente sobre el campamento. Además en este libro se revelan cosas imprescindibles para saberlo todo sobre ese mundo fantástico.

"Pero la belleza consiste en encontrar lo que más se ajusta a ti, lo que te queda más natural. Para ser perfecta, tienes que sentirte perfectamente contigo misma: evitar querer ser lo que no eres."

viernes, 21 de noviembre de 2014

#2–Alyssa

Los ojos de mi madre seguían clavados en un punto inexistente. Sus palabras me habían dejado helada. Me habían asustado. Temía que lo que hubiese dicho fuera verdad.

–¡No! –mi voz estaba llena de desesperación.– ¡No! ¡Esto es una broma! ¡Es mentira... es mentira! ¡Tienes que ser mi madre!

Pero mi madre no levantó la mirada. Parecía como si ya no estuviese aquí. Supe que no estaba mintiendo. Empecé a llorar.

–No.... no... por favor no... Otra vez no... –la voz me temblaba.– Por qué yo...

"Mi madre" despertó de su trance y me dirigió una mirada de profunda tristeza. Supe que le dolía decirme eso. Pero, ¿por qué? Por qué me ocurrían esas cosas. Ahora sé que toda mi realidad ha estado oculta. Demasiado bien oculta. No pude saber nada de mi padre o poderes hasta que me lo dijo mi madre y ahora me ha vuelto a confesar un secreto. Un secreto que me hizo más daño que el primero. Un secreto que cambiaría mi vida para siempre.

–Cariño, para mí siempre vas a ser mi hija. Siempre te...

–¡No! ¡Fuera! ¡No quiero verte! Ahora no res nadie para mi.

–Alyssa, tranqui...

–No, no mamá. La última vez que dijiste algo así estuviste a punto de morir. No quiero que vuelva a pasar. Fuera. Por favor, mamá sal de aquí.

La mirada de "mi madre" se volvió a perder. Y se marchó. Sabía que la había herido. Sabía que ella me quería, que no hubiese hecho todo aquello de no ser porque me quería. Pero ella también me había herido. Sabía que no era su hija. Ahora tenía miedo, miedo de que después de todo lo que le había dicho me mirase diferente. Eché mi cara sobre la almohada y lloré. Lloré recordando cada pesado día de mi vida, desde el incidente. Lloré por toda mi vida, porque sabía que ahora sería diferente. No quería marcharme. Puede que marcharme hiciese más fácil mi vida, pero no sabía a dónde debía ir. Mi madre sí, pero no quería hablar con ella.

Ahora tenía muchas preguntas que pesaban sobre mí. Quería saber la verdad sobre mi pasado. En qué influyen mi madrastra, mi padre y mi madre. Y dios, quién es ella. Y quién es Will. Por qué mi vida es tan difícil. Siempre he pensado que el día que más sufrí en mi vida fue cuándo mi madre me contó por qué papá nunca volvería. Desde ese día todos los días han sido como una punzada constante en mi corazón, pero creo que todo el sufrimiento por el que he pasado no igualaría al que sentí ese día. Descubrir que vivía en una mentira y que nunca conocí mi pasado. Y puede que soltarlo así sin más un día como hoy, con lo que acababa de pasar.

Recordar cada instante de felicidad en mi vida, por mínimo que fuera me provocaba arcadas. Más ganas de llorar. Puede que si esto lo hubiese sabido antes no hubiese sido feliz. Puede que saber lo de mi padre y ahora lo de mi madre, antes, me hubiese destrozado. Ahora comprendía porque mi madre había alejado tanto esos dos mensajes, para que, aparentemente, me recuperase. Aunque mi madre sabía que era imposible recuperarse del todo de cosas como esas. Pero que debía saberlo.

Me odié. Por ser tan ingenua. Por creer que algo me iba a salir bien en la vida. Por creer que alguien me trataría como una persona. Ni siquiera Will, aquel misterioso chico creía que era humana. Por un momento me asaltaron las dudas, pero está claro que soy humana, no me veo diferente, salvo por lo de los poderes... Me planteé seriamente el ser humana. Un escalofrío me recorrió la espalda... ¿qué soy?

Seguí llorando y maldiciendo mi vida, pero cada vez más flojo. Algo se apoderó de mí. Poco a poco fui sintiendo una sensación de esperanza. Un pensamiento de que todo tenía arreglo. De que todavía las cosas podían salir bien. Algo que no había sentido nunca. De que algún sitio esperaba mi llegada y que debía acudir allí. Abandonarlo todo, darle una nueva oportunidad a la vida. De que quizás hubiese un lugar en el que hacer algo con mi vida.

* * *

Estaba sobre el océano. Me movía. No se cómo. Parecía como si estuviese volando, pero yo no hacía fuerza. Al principio tuve miedo de caerme. Luego vi que todo era igual: que me movía pero que no parecía haber ningún peligro. Me pregunté a dónde iba o dónde estaba. Al no suceder nada, empecé a perder interés. Es algo extraño lo que me estaba pasando, pero a lo mejor sería mejor quedarme aquí el resto de mi vida. Me senté. Me tumbé. Parecía que el tiempo no pasaba. Y entonces lo vi. Vi una costa bordeada de rascacielos. Cada vez estaba más cerca. Cada vez iba más despacio. Pasé por encima de varias islas llenas de bosques y casas, y una zona llena de agua pero de tierra al mismo tiempo, un espejismo. No le di importancia. Ya era suficientemente raro. Entonces llegué a la zona de rascacielos. Fue cuando lo reconocí: Nueva York. Había vuelto.


Sentí nostalgia y horror al mismo tiempo. Nunca pensé que volvería aquí. Me sorprendí recordando caminos, edificios y Central Park. Había cambiado, pero no mucho. Las lágrimas me asaltaron. Recordé la Zona 0, recordé las tardes en el parque, a mi amiga, mi colegio, mi casa, los edificios, las calles... Había vuelto... un lugar que me dio tanto felicidad como tristeza. Ojalá pudiese volver. Ojalá no hubiese hecho eso años antes. Ojalá pudiese volver a caminar por estas calles como si fuera un día normal. Brooklying, Queens, Manhattan... me acordaba de todos. Caminar por esas calles ahora me parecería casi mágico, como si fuese la primera vez que estaba allí, aunque solo era un viejo recuerdo al que me aferraba. Por las calles vi los atascos y la gente que iba y venía. Y llegué allí. Un escalofrío recorrió mi espalda. El lugar había cambiado pero no sé como, lo reconocí; extraño para solo haber ido allí una sola vez. Dos lagos cuadrados, árboles, plantas, caminos...: La Zona 0. Me puse de rodillas y lloré. Estaba encima del lugar que llevaba años intentando olvidar. Ahora estaba cambiada, pero seguía siendo aquel lugar. Cerré los ojos y seguí llorando. No me di cuenta de que volvía a moverme por encima de la ciudad. Cuando abrí los ojos estaba delante de una ventana.Lo reconocía. Era mi casa. Pero era translúcida, como si no estuviese allí. Parecía otro espejismo. La "fuerza" me dejó sobre el alféizar. Y me sorprendí al ver que era más solida de lo que parecía.

Acaricié el marco. Aún tenía las enredaderas que crecieron allí años atrás. Entré. La habitación estaba bastante oscura. Desde dentro o parecía un espejismo. Todo estaba como lo había dejado. Era extraño que nadie hubiese comprado la casa. Cuando nos marchamos dejamos muchas cosas que siempre quise recuperar. Levanté las sábanas y me metí dentro de la cama. Reprimí las lágrimas. Rebusqué dentro de la cama hasta encontrar mi viejo oso de peluche. Me hubiese gustado llevármelo. Olí las sábanas y salí de la cama. Pasé la mano por la cómoda llena de polvo. Caminé hacia el pasillo y me metí en la habitación de mi madre. En la mesilla había una foto de mi padre. La cogí. Recogí algunas cosas que guardaba en mi habitación. Luego fui al salón. Recorrí las estanterías y leí los títulos de los libros, aún recordaba a mi madre leer en los sofás y leerme cuentos en la cama. Me senté en uno de los sillones llenos de polvo. Cerré los ojos e inspiré el aire. Imaginé que todo volvía a ser igual. Que nunca hubiese pasado nunca. Que ahora estaría sentada en ese sofá viendo la tele y los cuadros con dibujos y fotos de Nueva York.

Abrí los ojos. Delante de mí había una chimenea. Las llamas eran lo único que daba luz a la habitación. Ya no estaba en Nueva York. Reconocí el sofá en el que estaba sentada: el del salón de Golway. Suspiré. Todo había sido una ilusión. Ojalá fuese real. Otro suspiro. Iba a levantarme cuando descubrí que no me podía mover. Extraño, pero cierto. Me puse nerviosa. ¿Qué podía hacer?

Noté la presencia de otra persona en la sala. No podía girarme, pero algo me decía que que estaba allí. Sentía escalofríos y sudores fríos. Era el miedo. No miedo a la muerte. Ese miedo inexplicable, cuando sabes que algo va a ocurrir. Los dedos me temblaban, las manos las podía mover. Ví que en el reposabrazos había un espejo, el que mi madre utiliza para ver si me acerco por detrás mientras ella llora en silencio, llorando por mí, por este día. Con cuidado deslicé mi mano hasta él y lo utilicé para ver lo que había al fondo. Me asusté al ver una figura negra encapuchada. Solté el espejo. Intenté hacerme pequeña tras el respaldo del sillón. No moverme. Es ese miedo que tengo, otro inexplicable. Cuando tienes miedo de que esa figura se acerque a ti y te enseñe su cara, porque sabes que no es humana; de que hable contigo; de que sepas que estás allí, aunque sabes con certeza que eso sabe que estás allí, intentando hacerte invisible. Intenté no moverme, no quería que se acercase a mí. Es miedo a lo extraño, a lo desconocido. La misma razón por la que huimos. Por lo que tengo miedo ahora. Miedo a eso que está detrás de mí. Porque sé que no es humano o al menos eso imaginamos en lo más profundo de nosotros.

Seguí allí escondida, encogiéndome cada vez más. El tiempo parecía no pasar. Ambos sabíamos que estaba allí. Pero mi instinto me decía que debía esconderme, que si no me movía no se daría cuenta de que estaba allí.

–Aquellos que veces huyen de nosotros, aquellos que derrotan a los legítimos líderes de la Tierra sufrirán por siempre, allí donde vallan serán seguidos. La tormenta no ha comenzado, pero nadie se espera que nosotros demos el siguiente paso. Es una advertencia, aléjate y vivirás–sus palabras causaron eco en toda la habitación.

Ahora estaba más asustada que antes. La imagen se desvaneció. Intenté aferrarme a ella. Pero tenía los ojos cerrados. Los abrí. Aún estaba en mi habitación. Hacía más frío que antes. Me levanté y me estiré. Aún estaba aquí. Necesitaba respuestas y solo había una persona que me las pudiese dar. Tenía que hacerlo. Estaba decidida. El sueño me ha hacho pensar. Creo que ya sé qué debo hacer, o al menos por dónde empezar. Fuera había helado. Mi ventana estaba cubierta de vaho. Alguien había escrito en ella la palabra "Mestiza". A lo lejos, vi un destello dorado. Un escalofrío me recorrió la espalda. Una media sonrisa asomó en mi cara.

Bajé las escaleras. Mi madre estaba en la cocina, sentada en la gran mesa. Me acerqué silenciosamente. Al verme apartó el periódico a un lado. Tenía los ojos hinchados. Se sentía mal por lo que había hecho, pero sabía que era imprescindible. Reuní todo el valor que pude y lo solté:

–Mamá... ¿que es lo que soy en realidad?

martes, 18 de noviembre de 2014

#5 Mi Ricón

Os dejo una pequeña entrada con fotos que os gustarán. La primera, conmemora que esta semana se estrena Sinsajo ^^ (aunque solo sea la primera parte).





Espero que os hayan gustado. En la última Breathing significa respirar.

lunes, 17 de noviembre de 2014

#3 La Sombra de la Serpiente


El tercer libro te la Trilogía las Crónicas Kane. No recomendaría leer la sinopsis ni la opinión si no has leído TODOS los libros de la saga.



Genial, esto va de mal en peor.

Apofis anda suelto sembrando el terror 
allí donde va.

Solo nos quedan dos días...

Y, mientras, todos nos dan la espalda. Un grupo de magos rebeldes, encabezados por Sarah Jacobi, nos han acusado a Sadie y a mí de haber provocado el caos y de que Set esté en libertad. Juran que acabarán con nosotros... De los dioses, mejor ni hablar: nadie sabe dónde se han metido, y los que quedan, como Ra, el mismísimo dios del sol, solo piensan en chupetear galletas, babear y tararear cancioncillas sin sentido... Nunca hemos estado tan solos y tan desesperados; solo nos queda una última oportunidad: capturar la sombra de Apofis. Se me olvidaba deciros que nadie hasta ahora lo ha conseguido, así que, si sale mal, no estaremos aquí para contarlo.



Después del aburrimiento que causó en mí el primer libro, la cosa se ve mucho mejor. Este libro me ha encantado. La verdad es que esta historia tiene un desenlace simple. Derrotar a Apofis podría ser difícil para ellos en cierto modo, pero, al fin y al cabo, todo se resolvería igual que siempre: con una batalla. Sin embargo, el autor no se queda tranquilo poniendo una batalla, lo complica todo mucho más. Aunque al final execeran a Apofis de una manera simple, todo lo que hacen durante el libro para llegar a ese punto es algo que me lió la cabeza completamente. Todo lo que ocurre después también es complicado. 

Lo que hacen para llegar hasta el punto de la batalla final me pareció bien y divertido, no como en el segundo libro que, todo me pareció repetitivo e inservible y pocas cosas de verdad hacían falta. Aunque el libro en sí sea interesante el ritmo que sigue es muy desigual; me explico: había días que no podía dejar de leer y otros que la lectura se me retasaba muchísimo. Aunque sea un final de saga, en algunas partes el aburrimiento te vence. Pero el autor recurre a esa forma original que tanto me gusta de las bromas entre los hermanos. Puede que llegase a apuntar más de 100 citas graciosas. Este libro no deja de ser gracioso.

Saltando una buena parte de la historia y yendo al final. Me ha gustado como acababan las cosas. Sinceramente me esperaba que Walt muriese. Lo que me pilló totalmente de sorpresa fue cuando los dioses tuvieron que retirarse (¿por qué?). En el caso de algunos me da un poco igual, pero en otros como puede ser Bast no me gustó ese destino. Con algunos te encariñas mucho. El libro que más me gustó fue el primero, y acordarme de Bast con Carter y Sadie (pájaro) en el avión... o sus clases de siesta. Sí, definitivamente ese final me pilló por sorpresa. Entonces en el libro no muere nadie (no me vale la muerte de los de la fiesta en Texas, no duele esa muerte). Bien. En los libros de estos suele morir alguien siempre, si no queda... diferente. Esa parte me desilusionó un poco (sí, ya sé que en otros libros duele mucho que alguien muera, pero lo debemos admitir: los libros siempre son mejores cuando alguien muere). Pero contando con que los dioses se van, pues podemos decir que alguien muere, porque en cierto sentido es verdad. Y Walt... ahora no me gusta esa parte ¿es Anubis? ¿es Walt? Sí, son los dos. Pero no me queda claro. No me gusta esa solución. Puede que ahora viva y que pueda quedarse en el mundo mortal, pero yo creo que Walt y Anubis son incompatibles. Ya no es estar con uno o con otro, es estar con los dos y es muy incómodo (eso supongo).

Este libro te sorprende en muchos sentidos. Hay partes muy predecibles, pero otras no (como que Sarah y su compañero eran siervos de Apofis, que sus padres volverían al mundo terrenal–la esperanza es lo último que se pierde–, que Amos volviese algún día a la casa de Brooklyng, que el ex-lector jefe Desjadinus reviviera, no me esperé que cambiase su forma de pensar...). Son esas cosas las que echaré de menos. Además Sadie y Carter son personajes muy curiosos. No solo por lo que hacen, si no por cómo se nota la evolución de los personajes a lo largo del libro. Es fácil de comparar. A primera vista no nos damos cuenta porque estamos demasiado metidos en la historia, pero coge el primer libro nada más acabar este y lee el reencuentro en Navidades. Los dos cambian bastante, y me encanta su humor y sus peleas (no sé por qué). Otro personaje que no cambia, pero cambia nuestra manera de verlo es Bes. La primera vez que salió pensaba como Sadie, ahora también pienso como Sadie al final del libro.

También el libro, y toda la trilogía, tiene momentos bastante subrealistas. Puede que porque el autor no nos hace creer esas cosas de verdad. Aunque su madre muriese por eso, aún no me creo que se puedan morir por sobrepasar los niveles de magia. O el final del libro, creo que buena parte de eso es muy subrealista, es decir la parte de "soy Walt y voy a proteger a Sadie". Pero cuando van al inframundo y ven a sus padres y a J. D. Grissom y su mujer me encantó, es decir no sentía su pérdida y me pareció extraño que cuando murieron Sadie y Carter se lo tomasen tan mal (será diferente vivirlo que leerlo, en algunos casos).  También me gustó la explicación de Set para que Amos siguiera su senda. 

Los alumnos son bastante divertidos. Me molestaron un poco cuando los añadieron a la casa. Ahora, con lo que me he encariñado a ellos los voy a echar de menos. Me encantó lo que hicieron en la tienda de regalos en Texas, son solo unos niños (que pueden crear cerdos de colores explosivos–jajajaja, me hizo reír mucho). No diré nada sobre Setne, pero ya sabía como iba a acabar su historia. No me caía bien (creo que a nadie). Algo que no me quedó claro o es que queda sin resolver es lo de "galleta de Wombat" y "Zarigüella" está claro a quién iba recibido, pero... ¿por qué? Creo que es lo único que no resuelven.

Es imposible no leer la trilogía y que no te guste algo: los alumnos, dioses, misterio, hermanos, hechos... Creo que Rick Riordan es brillante. Ahora aún más ya que estoy leyendo El Héroe Perdido.

¿Lo mejor?: lo que me ha hecho reír el libro.
¿Lo peor?: las partes más predecibles.



En definitiva es un desenlace bastante complejo y muy bueno, con algunas partes predecibles pero muy bueno.
Si os desanimó el segundo animaos con este y si no... disfrutadle.

Y esto es todo. Corto y cambio.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Císoe

Comencemos con Císoe. Diosa Menor. Forma parte de la memoria de Cronos. Es la diosa de la memoria, su encarnación. Exiliada del Olimpo y condenada a recoger la historia de cada una de las personas y recordarla hasta el fin de los tiempos, aún lejano.

Más o menos esa es la historia de Císoe. Aunque tras ella aguardan muchos más secretos de los que ninguna persona llegará a conocer jamás, ni siquiera los mismos dioses del Olimpo. Quería que fuese una diosa un poco ausente y, al ser parte de Cronos, los dioses del Olimpo no serían amistosos con ella.

De lejos, puede parecer una simple mortal. De cerca puedes ver que es transparente, debido a su olvido. Su cara siempre estará triste debido a inquietantes pasados y hechos. Extraña.

Quería crear un relato confuso. El que contaría una persona que no dispone de mucho tiempo y que conoce todos los secretos de la vida. Por tanto hay partes que se escapan. Partes que ni yo sé. Espero que os guste.


Císoe y su historia

Me despierto. Hace siglos que no me despierto. Para mí no ha pasado mucho tiempo. Dos o tres minutos, pero para el resto del mundo no es así. He visto la vida de cada persona, la evolución de los planetas y cada cosa que sucede en el universo pasar a través de mi mente. Ahora los recuerdo a ellos, pero ellos no me recordarán jamás. He vivido sus vidas, pero no podré vivir nunca la mía.

Formo parte de la memoria de Cronos. Acudí al Olimpo pero allí nadie quiso saber de mí. Los dioses pensaron que yo era como su padre. Y ellos temieron. Me encerraron en esta habitación. Una oscura habitación con puertas que solo se abren dos veces: el principio y el fin de los tiempos, el fin de la memoria. Como castigo por ser Cronos, en parte, debía recordar a todas las personas simples e importantes, para que todas ellas dejasen huella aunque solo fuera en la memoria de una persona. Siendo Císoe la diosa de la memoria, aunque nadie me conoce.

Dioses menores, se supone que son menos importantes que los dioses, pero hay dioses menores más importantes que algunos dioses, y a los que ni siquiera se recuerdan. Y a mí nadie me recordará. Ni siquiera tengo una vida.

No puedo cambiar mi destino. Lo sé. Estoy demasiado metida en esto. Camino por la habitación y me tropiezo en la oscuridad. En el suelo aprovecho para ver mi edad. Me palpo la cara: tersa con ojos inquietos y labios finos. Me levanto y salto. Aún conservo buena parte de movimiento. Mi cuerpo es el de alguien de dieciocho años. Ojalá tuviese un espejo.

Hace tiempo descubrí algo inquietante. Desde el principio de los tiempos siempre ha habido indicios de que este acabaría. A los dioses les da igual eso. Piensan que su inmortalidad estará siempre presente, que el fin del mundo no les afectará. Ingenuos. Descubrí que el fin del mundo siempre estuvo presente. Descubrí que un día todos los hechos desaparecerán se olvidarán como si nada hubiese existido nunca. Porque así será. Nunca nada habrá existido. La memoria es efímera, la mía no, pero tampoco es eterna. No existe nada eterno. Y los dioses... aún menos eternos.

Mi cuerpo, joven aún, mide el tiempo. Mientras mi cuerpo viva la memoria vivirá. Pero ¿qué ocurrirá cuando deje de soñar? ¿cuando no me pueda mover? La memoria habrá dejado de existir. No existirá historia que recordar y entonces ningún ser podrá vivir, ningún planeta. Nada podría existir. Pero La Nada también puede ser recordada, lo que me lleva a pensar que lo que existe al final de los tiempos es peor que La Nada. Algo que no se pueda contar, no se pueda ver, que no se pueda describir... algo que no se pueda recordar. Yo lo sé. Es cierto.

El mundo caería en desgracia sabiendo que en un futuro lejano nada habrá servido. El Universo quedaría destrozado y se covertiría en caos. Y los dioses también. Aún no lo saben.

Aunque para eso queda mucho tiempo, el Universo solo ha vivido menos de la mitad de su vida. Aún quedan muchas historias por relatar, muchas huellas por dejar. Dejad vuestra huella, la recordaré, y el fin de los tiempos, inevitable, no existirá para vosotros.


Me empieza a entrar sueño. Dormiré mucho tiempo antes de volver a despertar aunque para mi solo serán unos minutos ¡cómo habrá cambiado el mundo! No lo podría imaginar. Puede que cuando despierte vosotros ya no viváis, aunque una persona siempre vive en su recuerdo, y ese siempre será mío. Espero que esta historia me ayude a vivir en vuestra memoria al igual que vosotros vivís en la mía.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

#1 Alyssa

  Me gusta sentarme aquí. Mirar el horizonte. Imaginar que vuelvo a estar allí, aunque el recuerdo es lejano. El mar debajo y mis piernas colgando, podría caerme, pero eso no me importa. Sé que estar allí me tranquiliza, como si el mundo se paralizase aunque para mí es así: cuando estoy allí el tiempo no pasa. Estar sola es algo que agradezco. Ir a la costa, sentarme en un acantilado y pasar las horas mirando el horizonte y soñando. Soñando cosas imposibles pero que deseo.


  El sol ya se empezaba a poner. Me levanté con cuidado y volví hasta donde había dejado la bicicleta. Los acantilados estaban alejados de la ciudad así que llegaría tarde. Pero todo eso merecía la pena.

  Siempre me había gustado Irlanda, incluso antes de vivir aquí. Cuando pensaba en ella siempre me venía a la cabeza la imagen de los acantilados cubiertos de hierba bajo el sol. Y por algún motivo relacionaba esa imagen con héroes griegos y sus dioses. Es inevitable estar en esos acantilados y no pensar en otro tiempo. Muy lejos de la desastrosa imagen que seguía grabada en su cabeza: escombros. Era la última cosa que quería ver, y allí... allí todo era diferente: la hierba verde cubriendo los acantilados y el mar. Era parte de la naturaleza, algo que la aterraba y que amaba al mismo tiempo. Amaba la naturaleza porque era todo lo contrario a lo que intentaba olvidar pero me aterraba porque sé que con ella puedo hacer cosas horribles.

  Cuando llegué a casa ya era noche cerrada. Mi madre había cenado y como siempre estaba sentada leyendo. Desde el día del accidente mi madre se había vuelto más fría. Trabajaba casi todo el día fuera de casa y, como yo volvía tarde no nos veíamos mucho. Dejó el libro a un lado y vino a saludarme.

  – ¿Qué tal el día?

  – Como siempre, bien. –Aunque eso siempre ocultaba la verdad. No quería compartirla con ella. No quería meterla en más problemas.

 Subí a mi habitación y me quedé allí. Pensando en que otro día más había pasado, otro día menos de tiempo para decidir qué hacer con mi vida.

* * *

  No me gusta el instituto. Por muchas razones. Para muchas personas ir al instituto es aburrido, a mí, simplemente, no me da tiempo a pensar eso. Tengo muchas cosas de las que ocuparme y los estudios son algo que hace mucho tiempo decidí dejar de lado y que, tristemente sé, que no podré recuperarlos. Llegar al instituto una mañana cualquiera suponía estar otra vez ante las miradas de todos y ser otra vez víctima de sus burlas aunque no sé por qué. No he hecho nada diferente. Un día alguien aprovechó para hacer una broma a costa de mí porque tengo déficit de atención y desde ese día la rueda no para: bromas, insultos... cosas que me hacen sentir mal. Pero no puedo hacer nada al respecto. Si me enfado algo de lo que yo llamo poderes se desatará y no quiero que me descubran. Si saco mi rabia, tristeza, felicidad. Tengo que controlarme.

  Llegué a clase y me senté. Procuré no llamar la atención, pero acto seguido ya estaba rodeada de toda esa gente. Intenté no escuchar lo que me decían pero cuando necesito no prestar atención es como si mi déficit se hubiese perdido. Y ya estaba siendo el hazme reír de la clase; sobre mí cayeron todo tipo de insultos. Y me deprimí. Caí a ese profundo abismo al que iba cada vez que estaba triste. Y sin poder evitarlo algo ocurrió. Una maceta de las de clase estalló. Todos se sorprendieron y  asustaron. Ya sabía cuál iba a ser su próxima burla. Y a sí fue. Ahora era "maceta". Otra razón más para odiar mi vida. 

  La clase comenzó y yo no prestaba atención. Estaba demasiado preocupada por lo que acababa de ocurrir. 

  –Señorita Kyven. ¿Qué es lo que me dices sus compañeros de que usted ha sido la causante de este destrozo? 

  Por un momento temí que supieran lo de mis "poderes". Pero supe que me habían cargado con la culpa. Aunque para ellos nadie había sido y les daba igual cómo hubiese ocurrido. solo era otra manera de hacerme la vida imposible.

  –No lo sé. 

  –Bueno pues ya tenemos voluntaria para quedarse después a limpiarlo. –risas.

  A todos los profesores les daba igual. El hecho de tener déficit de atención me hacía tonta a sus ojos. No me ayudaban. Era un fantasma... excepto cuando ocurrían cosas malas: yo siempre era la culpable. Resulta más fácil culpar a un "tonto".

  Seguí en mis pensamientos. Cuanto antes pasase el día mejor. Aún así era imposible.

  –Señorita Kyven, ¿podría decirme algo sobre la explicación? Cualquier cosa.

  –Pues... los átomos... –era muy frecuente que me hiciesen preguntas durante la clase. Siempre a mí. Es cómo si quisieran pillarme.

  –Bueno, ¿y supongo que tendrá sus deberes?

  –No... pero...

  –Siempre hay alguna excusa. Siga perdida en su pequeño mundo de la ignorancia. –Más risas.

Me acababa de hundir. Explotó otra maceta. Tuve miedo de que atasen cabos y me descubriesen. 

–Señorita Kyven –se notaba que estaba enfadado– no me obligue a ponerle otra expulsión. Me da igual cómo ha hecho ese truco, pero cómo se vuelva a repetir no tendré otro remedio que llamar a su casa.

  Con un suspiro intenté concentrarme en lo que decía. No entendía nada. Los números se retorcían en la pizarra y sabía que había perdido otra clase. Miré por la ventana. Otro día de clase más. 

  Al principio era una mancha dorada. Luego se fue agrandando y supe que no saldría nada bueno de allí. Cuando estaba a menos de cien metros distinguí a una persona, o lo que me pareció una persona vestida don ropas doradas. Esa "persona" siguió acercándose hasta que quedó a unos pocos centímetros del cristal. Definitivamente era una persona, pero no tenía muy claro que fuese humano porque volaba. Creí que estaba delirando. Entonces quien quiera que fuese empezó a hacerme señas para que saliera. 

  –Parece que hubiese visto un fantasma –ya estaban todas las miradas clavadas otra vez en mí.
  –No veis el... en la ventana...

  –¿Ver el qué? –una carcajada sonó en toda la clase.

  –El chico... en la ventana... –miré otra vez la ventana, pero no había nadie. Volvieron a reírse.

  –Parece que ahora tiene déficit de inteligencia –soltó alguien. Se reían continuamente de mí.

  Resignada volví al cuaderno. Dejaron de hacerme caso. La clase acabó y todos se reunieron al fondo de la clase. Yo me acerqué a la ventana aunque sabía que también volverían a reírse de mí. Abrí la ventana y el chico de dorado estaba abajo, sentado en el bordillo. Me extresé. Temí hacer otra cosa. Salí al baño que, por suerte estaba vacío. Cerré la puerta y me resbale por ella. Empecé a llorar. Era horrible todo lo que me pasaba. "Mi vida es un asco" La clase siguiente debía de haber empezado pero me daba igual. Entonces salió una chica. Se rió y salió fuera, seguramente a decirles a las demás que estaba en el baño llorando y venir a reírse en mi cara. Alguien hacía presión sobre la puerta. no quería que entrara, pero al final entró. Me sorprendí mucho al ver entrar al chico de dorado.

  –Hola Alyssa. Soy Will.

  –¿Por qué me has dejado en ridículo? ¿Por qué desapareciste? -estaba desesperada.

  –No desaparecí. Pero la Niebla es invisible para los ojos de los humanos y yo también.

  –¿Por qué puedo verte? –Me temblaba la voz.

  –Porque tú no eres humana...

  –Sí, claro soy una extraterrestre –dije enjugándome los ojos y quitándome las lágrimas de la cara con la maga– ja-ja. No estoy para bromas.

  Dije eso y me marché. Al principio pensé que era una broma pesada. Pero comprendí que nadie vendría volando para hablar conmigo y... ¿sabía mi nombre? No había pensado el ello, pero ahora me parecía extraño. 

  Entré en clase. Nada más entrar ya me caía una bronca encima. Pero yo estaba enfadada. Sabía que acabaría llegando esta día. El día en que lo soltase todo.

  –... y no puedes seguir así, porque ...

  –¡No! –grité– No. Nadie de aquí me entiende. Solo os reís de mí porque sí. Mi padre murió y mi madre no está mucho con migo y vengo aquí todos los días y todos los día me humillaís, me... me... no lo aguanto más –decía cosas que llevaban guardadas mucho tiempo, que necesitaba decir– tengo problemas y no hacéis nada. Me... me voy no os quiero volver a ver. Decid lo que queráis, a mí no me volvéis a pillar.

  Estallaron los cristales de las ventanas. Otra maceta. Cogí mis cosas y me fui tan rápido que ni me dio tiempo a pensar lo que hacía. Cogí mi bicicleta y me marché a los acantilados. Allí me derrumbé "Qué he hecho" "Qué he hecho" Ahora sabía que todo eso llegaría hasta mi madre. Que me vería con peores ojos. "Qué voy a hacer mañana. Seguro que ya saben lo que puedo hacer. Esta vez no me salvo, pero no huiré, esta vez soy mayor; seré yo la que me enfrete a ello... al menos, ya se dónde está mi futuro" pensé. Me quedé un tiempo allí oyendo el ruido del mar, tranquilizándome.  Luego volví a casa.

  Subí a mi habitación y me quedé con la mirada perdida. No quería decir nada. Subió mi madre.

  –Ha llegado algo...–Me incorporé.

  –Es del instituto, ¿verdad? –me temblaba la voz.

  –No... es... es... algo diferente. Cariño, te tienes que ir.

  –Mamá, mamá... no no voy a volver a huir por eso. Lo que ha pasado hoy ya lo arreglaré yo. No quiero que sigas protegiéndome. No quiero causarte más daños.

  Parecía que mi madre no sabía de lo que estaba hablando. Entonces... ¿por qué decía eso?

  –¿Por qué nos tenemos que ir?

  –Yo no me voy. Te vas tú –me impactaron sus palabras.

  –No me podría ir sin ti. Tú, tú eres mi madre...

  Se frotó las manos, llenas de cicatrices desde aquel día. Miró al suelo y su mirada se perdió.

  –Cariño, no soy tu madre... –dijo con un susurro.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Prólogo- Alyssa

  Es difícil que alguien me entienda. Nadie más sabe lo que es estar en mi piel. Cuando era pequeña era todos más fácil, nadie se daba cuenta de lo que pasaba. Podía vivir tranquila sin tener ningún peso encima. Puede que muchos de vosotros penséis que sería estupendo dominar la magia o algún elemento, que sería muy divertido y cómodo; pero, ¿alguna vez os habríais parado a pensar qué ocurriría si tuvieseis esos poderes en la actualidad? Todas las personas que desean eso no saben lo que les ocurriría. Mi vida ha sido muy difícil y no va a dejar de serlo.

  Vivía en Nueva York, Estados Unidos. No recuerdo muchas cosas y tampoco es que quiera acordarme. Ocurrieron cosas malas. Sé que tenía una amiga; era la única que me comprendía. Quizás porque siendo muy pequeñas nos habían dado mucha responsabilidad. Pero durante aquel tiempo no lo sabía del todo. A veces ocurrían pequeñas cosas extrañas, inexplicables, pero eran cosas tan simples que pocas veces alguien se fijaba, yo no me daba cuenta de ello, al crecer pensé que era casualidad o cosa del destino, pero ahora sé que todas aquellas cosas las hacía yo. Yo hacía crecer flores todos los inviernos en mi ventana. Yo hacía que los árboles del colegio crecieran hasta meterse en nuestras ventanas. Que la primavera siempre se adelantase. Pasa desapercibido para cualquier persona, pero sé que todas esas cosas las hice yo.

  Era el día de mi cumpleaños. Cumplía siete años y paseaba con mi madre por Central Park. Era por la mañana y yo tomaba un helado. Me gustaban los helados de color arco iris porque decía que eran felices. Llegamos hasta el lago, era inmenso aunque no me acordaría de cómo llegar hasta allí. Nos sentamos en la hierba y miramos a los patos. Salimos del parque y me llevó por las calles de Nueva York hasta llegar a un lugar al que no había ido antes. Recuerdo la cara de mi madre diciéndome que ya era mayor y enseñándome un montón de escombros. Luego sé que me derrumbé y estuve llorando durante mucho tiempo. Por la noche me escapé y volvía a aquel lugar, salté todas las vallas y me quedé allí llorando. Lo siguiente que recuerdo es cuando gritaba a mi madre. Le preguntaba por qué me había llevado allí, por qué no me lo había soltado así; aunque sabía que toda esa rabia iba dirigida al destino, al destino que me había quitado a mi padre y a la guerra. Sé que los guardias de seguridad podían haberme sacado de allí pero ellos no se atrevían a acercárseme: detrás de mí estaba creciendo algo que se enroscaba alrededor de los pies de mi madre y poco a poco la inmovilizaba, además unas enredaderas estaban envolviendo los escombros y unas raíces estaban agrietando las aceras. Cuando me quise dar cuenta mi madre no se podía mover, yo no había querido eso. Pero sabía que eso lo había hecho yo. Y no recuerdo nada más. Al día siguiente vinieron hombres vestidos de negro y me encerraron en una habitación. Mi madre se quedó hablando con ellos. Yo en la habitación empecé a descubrir lo que podía hacer: jugueteaba con las plantas y las hacía crecer y dar flores. Después de mucho tiempo mi madre entró en mi habitación y comenzó a meter cosas en una maleta. Sabía que estaba enfadada y bastante asustada. No dije nada, no me atrevía. Después mi madre se me acercó con el semblante pálido.

  –Cariño. Nos vamos a ir.– Me acarició un lado de la cabeza, como siempre que me tenía que decir algún secreto– Pero no te preocupes, no te preocupes por lo de ayer. Todo se olvidará ¿vale? Coge tus cosas.

  Hice lo que me dijo. Y nos marchamos. Aunque más bien parecía una huida, sin embargo, mi madre nunca me dijo que huíamos del país. Pero con el tiempo fui descubriendo cosas de las que me di cuenta: como que mi padre murió en el atentado contra las torres Gemelas o que las vallas de la Zona 0 eran demasiado altas y difíciles de pasar como para que simplemente las trepara y por tanto algo de mis "poderes" me ayudó.

  El mundo siempre ha tenido miedo. Si hubiese vivido en el pasado y hubiesen descubierto mis poderes me habrían quemado por bruja. Ahora el mundo sigue temiendo. Se supone que soy una amenaza internacional o un monstruo o un espécimen no descubierto; solo que ahora no pueden matarme públicamente, me tendrían bajo cuarentena y experimentarían con migo hasta que alguien me matase y ya no existiera ninguna amenaza, luego condenarían al que me hubiese matado, pero en el fondo todo el mundo es lo que quería.


  Ahora vivo en Irlanda en una ciudad que se llama Golway. Puede que fuese el lugar más adecuado para esconderse. Pero aquí mi vida resulta más difícil ahora que sé lo que puedo hacer y que no puedo dejar que nadie lo sepa. No quiero volver a hacer que mi madre tenga que huir porque no sé cuánto puedo agradecerla lo que hizo por mí, pese que estuviese a punto de matarla. Sé que ella haría lo que fuera por protegerme, que me quiere. Aunque sé que en el fondo ella me teme y no puede olvidar lo que la hice.