domingo, 7 de diciembre de 2014

Dentro del Laberinto

Seguí el rastro de polvo y las huellas casi inexistentes de pisadas en el barro. Nunca me habían llamado mucho la atención estas historias, pero desde que pude ver esto, no pude dormir hasta que lo averiguase.

No sé qué me pensaba encontrar allí. Seguramente no existiera nada. Pero necesitaba comprobarlo, aunque una parte de mi me decía que era imposible encontrar algo. Siempre quise tener una parte aventurera para utilizarla algún día.


Las paredes se enroscaban y había cruces, pero los que ates habían pasado por aquí habían dibujado líneas en las paredes, polvo de cintas... No me perdería.

Llegué al centro del laberinto, que emanaba una luz anaranjada. Lo que había visto cuando sobrevolaba la isla. El terror me inundó. Se me cayó la linterna. Empecé a sudar. Mi respiración se agitó. Me obligué a estar inmóvil.

Allí, en la cima de una pila de huesos humanos dormía el minotauro. Posiblemente desde la última vez que alguien se acercó a él. Se despertó por mi olor.  Estaba vivo. Y pronto yo no lo estaría. Me sumaría a su pila de huesos y mi alma pasará a ser otra más en un oscuro abismo. Es el precio de todas las aventuras.

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