sábado, 6 de diciembre de 2014

#6–Alyssa–Will

–Bueno, Alyssa. ¿Estás preparada para conocer el lugar más fantástico del mundo?

Avancé un poco y cerré la puerta. Me senté a su lado. Teníamos que ir ya al campamento. Quirón me dijo que la viniese a buscar y me ha costado encontrarla y que me creyese. Por eso vine a hablar con su madre, para decirla que Alyssa la creería si se lo decía ella, no podíamos tardar más. Tenía los ojos hinchados y expresión preocupada, supo que necesitaba más tiempo para creerse del todo la historia y no llevarla directamente a una aventura que la podía costar la vida. pero debía hacerlo, los monstruos no tardarían en llegar y ella no sabría qué hacer.


–Alyssa, ya no nos queda mucho tiempo. Coge lo imprescindible, porque nos vamos.


–¿A dónde? 


Esperé que su madre ya le hubiese contado más o menos a dónde íbamos porque me iba a costar explicarle todo eso. 


–Al campamento –dije. No pude evitar sonreír, imaginar en lo que pensara cuando llegase al campamento. Pensaría que tiene alucinaciones. Y aún no ha visto a los pegasos–, el lugar donde aprenderás a controlar tus poderes y vivirás próximamente.


Sus ojos miraban a su madre pidiendo ayuda. Creo que no sabe nada del campamento. Se lo explicaría por el camino, teníamos que marcharnos ya.


–Solo una cosa más... –tenía prisa, pero pensé que podría aprovechar estos últimos minutos con su madre antes de irse para siempre– mamá, ¿por qué Deméter confió en ti para cuidarme?


No pude evitar sonreír. Recordé todas las historias que contaban en el campamento y de las que advirtieron a Percy antes de que los dioses le ofrecieran la inmortalidad. Algo que su madre no le contaría.


–Digamos... que yo creía en ella, y ella creyó en que yo podía ser una buena madre.


–Y... –Alyssa no se lo creía, pero no podíamos perder más tiempo en una cosa en la que su madre no le iba a decir la verdad.


–No hay tiempo para preguntas. Cuanto antes salgamos mejor... con suerte llegaremos por la mañana –pensé que sería mejor llegar mientras todos estuvieran desayunando, para que pudiera enseñarla el campamento y que hablásemos con Quirón, sin que el resto de campistas interviniesen–. Las preguntas me las hacer por el camino. Ahora no hay tiempo. Cuanto antes lleguemos, antes te acostumbrarás.


–¿Por qué debería irme contigo? Si tengo que acabar en ese maldito campamento, ¿por qué no ir sola? ¿o con otra persona? ¿por qué debo ir contigo?


Era desconfiada. Yo también lo sería. No me fío de nadie a la ligera. ¿Qué argumento creíble podría darle para que confiase en mí. 


–Alyssa... –contestó mi madre– no encontrarías sola en campamento... no llegarías, saben que estás aquí. Pronto te empezarán a buscar y no llegarías a tiempo...

–Confía en mi. Somos como parientes... creo que somos primos... –hice un esfuerzo por recordar lo que Annabeth me había enseñado sobre los dioses, pero soy nulo para eso– o tú eres mi tía... no me sé muy bien el árbol genealógico de mi familia.

–¿Familia? ¿Pero...

–Como dije antes no hay tiempo para preguntas –esperé no sonar muy brusco. Me empezaba a cansar de que no avanzase. Sé que tendría muchas preguntas en la cabeza, pero ahora no era momento para andar resolviéndolas–. Vamos, corre a recoger lo básico.

Alyssa subió a su habitación. Me quedé con su madre. 

–No se lo digas, deja que lo descubra... –supe a lo que se refería, dejaría que ella sola lo descubriese– no dejes que muera.


Me tensé. No podía hacer eso. Si pudiese evitar que la gente muriese lo haría, hubiese evitado todas las muertes que ocurrieron en el campamento. No podía asegurarle nada. Todas aquellas batallas y misiones... siempre había muerto alguien. Recordó aquella vez que planeó atacar el Campamento romano. Él también era un asesino.


–No puedo asegurarlo... cuando ocurre algo siempre hay alguien muerto, y lo sabes.


–Sí... me gustaría saber que un día volverá, viva y más alegre.


–Hay pocos mestizos que regresan a casa después de descubrir en campamento –hice una pausa. Por un momento el silencio hizo que me incomodase– no se olvidará de ti.


Siguió mirando al suelo. Oí a Alyssa bajando las escaleras.


–Nos tenemos que ir ya...


–Lo sé. ¿Qué será esta vez?


–Espero que no sea algo demasiado difícil, ahora, el campamento está hecho polvo. Nos cuesta recuperarnos.


–Suerte.


Me levanté y fui a la puerta contigua. Me apoyé cansado en el marco. Observé a Alyssa mientras se acercaba. 



–Muy bien... creo que ya estoy.

–¡Estupendo! –dije alegre. Sentí la necesidad de parecer alegre para que no pensase en que se iba y dejaba su vida atrás.

Salimos por la puerta. Me acerqué al carro y acaricié a los pegasos. Alyssa los miró incrédula. Debería acostumbrarse a ver este tipo de cosas a diario. Alyssa empezó a llorar. Se giró y abrazó a su madre. Subía al carro, cogí las riendas y me senté en el suelo. Recordé que le había prometido a Rachel que hablaríamos con Quirón en cuanto llegase. Alyssa puso un pie indecisa en el carro. Se dio la vuelta. Allí su madre la miraba. Acabó de subirse al carro y noté su nerviosismo. Debía distraerla.

–¿Preparada?

–Sí –sabía que no estaba preparada, pero aún así, despegamos. Le falló el equilibrio y se cayó al suelo. Nos alejamos rápido, pero antes de que Irlanda se convirtiese en un minúsculo punto me giré para ver en, aún en la puerta, la sombra de la mujer que había sido años atrás, mirando el mar, imaginando cómo serían las cosas al otro lado.

Alyssa estaba impresionada. Miraba con curiosidad fuera y dentro del carro, en todas las direcciones. Parecía feliz. Yo disfrutaba cada momento sobre el mundo. Cuando volaba era capaz de olvidar hasta las cosas que me hicieron sufrir. Era libre. Y aunque ya lo hubiese hecho millones de veces seguía sintiéndome igual que la primera vez que me monté en uno. 

–Increíble, ¿verdad? –intentar que le gustase esto tanto como a mí. Intentar que descubriese que era una manera para olvidar.

–No lo puedes imaginar... 

Dudo que sepa lo que significa esto para mí, más que lo que es volar por primera vez con unos pegasos tirando de un carro. Cada mestizo ha encontrado una manera de desahogarse cuando recuerda las batallas u otros, su pasado. Creo que es ella la que no puede imaginar lo que significa tener unos momentos de paz durante unos minutos antes de volver a la realidad.

–Y... ¿por dónde quieres empezar? ¿Qué dudas tienes? El viaje será largo y tenemos tiempo para que te organices las ideas.

Me preguntó sobre las Moiras, el campamento, mi padre... Era la primera vez que me tocaba contar a mí esas cosas. No sabía cómo explicarlo, pero lo entendió. O al menos lo justo para que Annabeth pudiese explicárselo luego.

–¿Es verdad que podríamos morir? 

No pude evitar recordar las dos veces anteriores en las que murió mucha gente, pero si quiero que ella confíe en mi debo empezar por ser sincero, en parte. Aún así temí que se echase atrás, que ante la muy posible probabilidad de que muriese volviese a Irlanda.

–No quiero asustarte ahora. Pero puede que sí... Antes deberías saber algo sobre las profecías y las misiones. En el campamento tenemos un oráculo, ella me dijo lo que Deméter le dijo a tu madre: que tú y yo debíamos cumplir una profecía. Pero ella no tuvo ninguna otra revelación, así que supuse que tendría que revelárseme en algún momento. Pero hasta ahora no he tenido nada... ¿Tú? –sentí un peso encima nada más decir eso.

–No. Pero sí que tuve un sueño. Iba a Nueva York volando y luego... estaba en casa. Y no podía moverme y algo habló –me asusté, pude que más que otras veces, pero intenté mantener la calma–. Era una advertencia, no una profecía. Supongo que no tenemos nada.

Ahora, al juntar algunas, piezas esto iba cobrando sentido, pero sería mejor que lo consultase con alguien y no con ella. Pronto tendremos que estar preparados... si es cierto lo que creí, puede que ninguno de nosotros salga con vida. Y espero que lo que estoy intentando hacer no nos mate a los dos. De momento, mejor es creer que no tenemos una profecía, porque en cierto sentido es así. Intentar averiguar algo más. Sin embargo, sentí arena deslizándose por las manos, el tiempo se me escapaba, y no sabía cuánto me quedaba.

–Entonces partimos de creo y con poca ventaja... no sabemos cuánto tiempo van a tardar las profecías. Pero sabemos que va a suceder algo y puede que sea grave... Lo mejor es prepararnos e intentar que cuando tengamos la profecía estemos listos.

–Listos, ¿para qué?

–Pistas que nos digan a qué nos enfrentamos o qué va a ocurrir o alguna manera de solucionarlo. La mayor parte de las profecías conllevan algo malo. Seguro que tu advertencia no fue una en la que te dijeran que iba a mejorar el mundo, ¿verdad? Si era una advertencia, si era una advertencia para un semidiós, no puede significar nada bueno. Habrá que hacer algo: luchar o buscar a los dioses.

Me preguntó sobre los titanes y gigantes... Me puse serio por unos momentos, no me estaba olvidando de lo que nos había pasado, como me prometí. Puede que cosas así no se olviden tan fácilmente. Puede que... puede que sea tan parte de mí que no pueda olvidarme de ello nunca.

Aunque la luz del sol se iba, no me costaba mucho más ver por donde íbamos, aunque todo era mar. Ahora en el campamento estaría amaneciendo. Llegaríamos para cuando todo estuviese desierto. No quería que se enterasen de la llegada de Alyssa sin hablar con Quirón y sin poder hacer algo de las profecías.

–¿Qué puedo hacer para que aparezca la profecía? –parecía triste. Su pelo le tapaba gran parte de la cara y estaba medio salida del carro, mirando el mar.

–Salen solas, o mediante un sueño, o las predice el oráculo –me costaba explicarle esto porque no había tenido ninguna ni sabía gran cosa–. A veces al tocar algo o ir a ciertos lugares tienes una visión en la que alguien te dice la profecía. El caso es que una parte la tendré yo y otra tú. Tarde o temprano los demás sabrán que va a pasar algo malo, pero por el momento Quirón se ocupa de guardar estas cosas en secreto, para no asustar a la gente. Aunque hay mestizos dispuestos a luchar (como la cabaña de Ares entera), hay otros que no se han recuperado de la lucha de los gigantes, yo entre ellos –lo dije rápido, intentando que pasase lo antes posible, aunque sabía que no iba a entender gran cosa–. Y tampoco es que quieran que les vuelvan a decir "¡Enhorabuena! Acabáis de salvar el mundo. ¿Sabéis qué? Va a haber otro Apocalipsis". Aunque Quirón sabe más de lo que nos ha contado a Rachel y a mí. Pero él es así, quiere que el destino lo descubramos solos y no intentemos adelantarlo o evitarlo. Solo lo sabemos nosotros cuatro, y de momento no lo sabrá nadie más hasta que sepamos bien lo que hacer o hasta que sea tan evidente que tengamos que confesar. De momento, prepararnos, buscar señales y esperar a la profecía.

Seguí triste. Se sentó en el duelo de la parte de atrás y se agarró las piernas. Me recordaba a Nico... ahora pensaría que me había escapado y estaría preocupado. No le había dicho nada.

Pronto empezó a aumentar la luz. Aunque para mí era pronto, para otros puede que hubiesen pasado horas, como así era. Luego vi la costa de Nueva York y sus islas. Alyssa se levantó y se puso a mi lado.


–Creo que ya has estado antes por aquí... –en los ojos aparecían destellos... aunque no íbamos donde ella creía exactamente.

Cuando estuvimos casi encima del campamento empecé a descender. Alyssa mostró una mueca de terror. Creí que aún le afectaba la Niebla. 

–¡Will! ¡No aterrices aquí! ¡Nos vas a matar! ¡WILL! ¡Por favor Will!

Seguimos acercándonos a una pequeña parte de Long Island con un bosque y cabañas, aunque ahora solo se veían como pequeños puntitos formando la letra Omega. La Casa Grande,. El anfiteatro...

–¡Will!

Pero entonces aterrizamos y su expresión pasó de terror a incredulidad. Miró a su alrededor. Estaba en el campamento. Sonreí, no pude evitarlo. No le salían las palabras, que mejor momento para darle una buena bienvenida que puede que no recuerde, aunque sea difícil lvidar estos momentos.

–¡Bienvenida al Campamento mestizo!

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