miércoles, 3 de diciembre de 2014

#5–Alyssa

La sensación de volar así era nueva para mí. Nos movíamos deprisa, pero aún podía distinguir la figura de mi madre en la puerta, mi casa, los acantilados, la ciudad... y pronto la isla entera. La luz del sol me daba de frente y por eso solo podía mirar hacia atrás, hacia mi hogar. Pronto ya no veía nada. La isla se convertía en un pequeño punto que se quedaba más y más lejos cada vez, hasta que ya no se veía. Estábamos rodeados por el océano. Allí me quedé impresionada. Se me fueron todas las preguntas. El aire me daba en la cara y me sentía... libre. Libre de toda la presión de ocultarme. Me asomé por la parte delantera del carro. Dios mío, a qué altura estábamos. El mar abajo se veía como una alfombra con pequeñas olas. Impresionante. Ya no tenía miedo a caerme. Ni a lo que me esperase allí. Sabía, tenía el presentimiento, de que las cosas iban a cambiar, y para mejor. Y la primera persona que iba a cambiar mi vida era él, Will. Me iba a llevar a una nueva casa, donde hay gente como yo, gente que hace lo mismo que yo y que puede ayudarme, un sitio en el que están mis hermanos, un sitio en el que se supone que debo hacer algo importante.

Sentí una punzada de dolor al comprobar que no había tardado mucho en olvidarme de mi madre, que seguiría esperando en la puerta con la mirada perdida. Recapacité por unos instantes el hecho de volver algún día, de cumplir esa falsa promesa. Procuré no pensar en eso durante el viaje si no quería estar triste durante todo el.

–Increíble, ¿verdad? –dijo Will. Miraba a todos los lados como si fuese la primera vez que montaba en esto. Parecía como si cualquier cosa que hiciera o dijese, siempre la hiciera con una sonrisa.

–No lo puedes imaginar...

–Y... ¿por dónde quieres empezar? ¿Qué dudas tienes? El viaje será largo y tenemos tiempo para que te organices las ideas.

Con toda la emoción de lo que estaba haciendo se me había olvidado que antes de salir tenía muchas cosas que preguntar. Intenté recordarlas y centrarme. Aún no sabía nada del sitio al que íbamos. Recordé algunas cosas como mi duda sobre las Moiras. Decidí preguntar eso primero para ir sacándome todas las dudas de encima.

–Mi madre mencionó que Deméter quería que cumpliese el destino de las Moiras.

–Mmm, quiero que sepas que nuestro mundo tiene más influencia de la mitología griega que lo imaginas. Las Moiras existen. Tejen los hilos de nuestra vida y los rompen cuando deben romperlos. Todo lo que pasa o pasará lo saben y lo manejan.

Lo asimilé todo un momento. Otra cosa más que sabía. Ahora quería saber lo del campamento, la profecía, lo que le sucedió a mi madre para que una diosa confiase en ella y lo que debía de cumplir.

–Vale... Vamos al campamento ¿no? Mi madre me lo ha dicho muchas veces, pero, en realidad no sé qué es? Apuesto a que tú vienes de allí.

–Sí, yo vengo del campamento. Allí aprendemos a controlar nuestros poderes y nos escondemos de los monstruos. Yo también soy un semidiós.

–Bueno, eso ya me lo imaginaba. Entonces allí, somos todos familia ¿no?

–Más o menos. Somos familia, pero la mayor parte del tiempo ignoramos que todos seamos una familia. Ehh... solo contamos que somos familia por ser hijo de un mismo padre o madre divino.

Confuso, pero con el tiempo lo iría asimilando.

–¿Quién es tu padre o madre divino? –pregunté. La curiosidad podía con migo.

–Apolo... –como no debí imaginármelo. Will era rubio con ojos azules y encima había venido vestido de dorado. Creo que es una buena representación de su padre –. Aunque creo que eso no importa ahora. Tenemos que hablar sobre la profecía.

–¿Es verdad que podríamos morir? –le corto. Su cara muestra una expresión de disgusto.

–No quiero asustarte ahora. Pero puede que sí... Antes deberías saber algo sobre las profecías y las misiones. En el campamento tenemos un oráculo, ella me dijo lo que Deméter le dijo a tu madre: que tú y yo debíamos cumplir una profecía. Pero ella no tuvo ninguna otra revelación, así que supuse que tendría que revelárseme en algún momento. Pero hasta ahora no he tenido nada... ¿Tú?

–No. Pero sí que tuve un sueño. Iba a Nueva York volando y luego... estaba en casa. Y no podía moverme y algo habló. Era una advertencia, no una profecía. Supongo que no tenemos nada.

Se quedó pensativo unos minutos. Su cara se contrajo en una mueca rara. La desesperación le asfixiaba, pero como era hijo de Apolo no dejaría que se le notase.

–Entonces partimos de creo y con poca ventaja... no sabemos cuánto tiempo van a tardar las profecías. Pero sabemos que va a suceder algo y puede que sea grave... Lo mejor es prepararnos e intentar que cuando tengamos la profecía estemos listos.

–Listos, ¿para qué?

–Pistas que nos digan a qué nos enfrentamos o qué va a ocurrir o alguna manera de solucionarlo. La mayor parte de las profecías conllevan algo malo. Seguro que tu advertencia no fue una en la que te dijeran que iba a mejorar el mundo, ¿verdad? Si era una advertencia, si era una advertencia para un semidiós, no puede significar nada bueno. Habrá que hacer algo: luchar o buscar a los dioses –de repente se puso serio, supe que nunca conocería bien del todo a Will.

Me quedé pensativa. Recordé la advertencia y lo que dijo mi madre: "No creo que sea una profecía. Es lo que ha dicho, una advertencia. Puede que no la hayas tenido aún, o que sea más complicado de lo que crees". Me daba que iba a ser algo mucho más complicado de lo que creía Will. 

–¿Por qué mi madre mencionó sobre titanes o gigantes? –pregunté recordando esa parte de la conversación que me había dejado desconcertada. Ahora sabía que existían los dioses, pero no me imaginaba que seres tan grandes y extraños pudieras habitar aquí.


–Pasaron cosas. Luchamos contra ellos, también los dioses. Continuamente: sueños, profecías, misiones y batallas. Ha muerto gente del campamento –otro momento de seriedad.


Me pregunté si el campamento era un lugar tan seguro como afirmaban... Si estaría allí más protegida o si podrían atacarnos. 


Pasé una buena parte del viaje mirando hacia el mar que se extendía bajo nosotros, infinito. No podía saber hacia dónde nos dirigíamos. Entonces tuve una revelación. Mi sueño, en él volaba sobre el mar, como ahora. ¿Y si esto también es n sueño? ¿Y si no me he ido de Irlanda? ¿Y si no era una semidiosa? Consideré esa opción. Solo un segundo. Volver a estar con mi madre y quedarme junto a ella. Pero aún así, tendría mis poderes y no podría hace nada con ellos, no sabría que hacer con mi vida, ahora tampoco, pero, al menos, sabría qué hacer con ella cuando estuviese en el campamento. No cambiaría ni un instante de mi vida, por terribles consecuencias que tuviera o por horrible que fuera. Es mejor hacer lo que has hecho, saber que las cosas continúan y siempre cobran sentido... que el dolor de un momento se verá compensado por un momento de felicidad, que mi vida seguirá igual y, aunque me cueste reconocerlo, perfecta tal y como es. Puede que por eso no me guste soñar, porque vivo otra vida, la hago y luego se esfuma. Todo estará en mi memoria y tendré que empezar de cero.

La luz del sol se había ido hacía rato, y la ausencia de luz y de ruido me incomodaba.

–¿Qué puedo hacer para que aparezca la profecía? –Con la reflexión anterior había descubierto que era mejor empezar a construir un momento difícil en mi vida, resolverlo (si es que no muero en el intento) y construir uno más feliz en el campamento o junto a mi madre.

–Salen solas, o mediante un sueño, o las predice el oráculo. A veces al tocar algo o ir a ciertos lugares tienes una visión en la que alguien te dice la profecía. El caso es que una parte la tendré yo y otra tú. Tarde o temprano los demás sabrán que va a pasar algo malo, pero por el momento Quirón se ocupa de guardar estas cosas en secreto, para no asustar a la gente. Aunque hay mestizos dispuestos a luchar (como la cabaña de Ares entera), hay otros que no se han recuperado de la lucha de los gigantes, entre ellos. Y tampoco es que quieran que les vuelvan a decir "¡Enhorabuena! Acabáis de salvar el mundo. ¿Sabéis qué? Va a haber otro Apocalipsis". Aunque Quirón sabe más de lo que nos ha contado a Rachel y a mí. Pero él es así, quiere que el destino lo descubramos solos y no intentemos adelantarlo o evitarlo. Solo lo sabemos nosotros cuatro, y de momento no lo sabrá nadie más hasta que sepamos bien lo que hacer o hasta que sea tan evidente que tengamos que confesar. De momento, prepararnos, buscar señales y esperar a la profecía.

Me acababa de liar por completo. Nombres y más nombres. Había entendido muchas cosas, pero me despistaba mucho con los nombres y con las cabañas. Supongo que será donde viven los hijos de un dios. 

Me senté en el suelo del carro, de manera que solo veía el cielo. Estaba cansada. Por fin mi cuerpo había decidido negarse a seguir de pie y derrumbarse tras todo el día de tensión. ¿Cuánto quedaría para llegar al campamento? ¿Dónde estaría? ¿Cómo sería? Decidí no dormirme. Así estaría atenta para ver cuándo llegábamos.

Tras mucho rato en silencio una luz matutina empezó a aparecer. Y cada vez se veía más el horizonte. Will me hizo señas para que me levantase y me asomé por el borde del carro. Debajo de nosotros el mar estaba salpicado de islas y más allá, la bruma del horizonte dejaba de existir, mostrando siluetas confusas y borrosas, aún lejanas. El corazón se me encogió, era como mi sueño. Me aseguré de que el aire me pegase un bofetón para asegurarme de que estaba despierta. Lo estaba. Estaba volviendo a Nueva York... esta vez de verdad.



Había edificios altos se veía el Empire State. Las islas pequeñas de abajo salpicadas de bosques contrastaban mucho con la ciudad de fondo. El carro descendió. Estábamos más cerca del suelo. ¿El campamento estaba en Nueva York? Quizá podría acercarme a recoger las cosas que no me llevé del sueño. Quizá podría volver a encontrar a mi amiga. A ir por Central Park...

–Creo que ya has estado antes por aquí... –la luz de la mañana había aparecido y sonreía más que antes.

No contesté, seguía impresionada. Sonreía feliz por estar aquí. Cada vez íbamos más despacio. Cada vez estaba más ilusionada. Pensé en todas las cosas que me gustaría hacer ahora que estaba aquí. Seguía mirando abajo al mar y a las islas. A los rascacielos que cada vez estaban más cerca. Cuando creía que mi viaje iba a seguir descendimos hasta un lugar cerca de una isla, en el que solo había agua.

–¡Will! ¡No aterrices aquí! –estaba desesperada, no me contestaba. Por un momento temí que hubiese hecho mal en confiar en él. Parecía seguro de lo que hacía: ¿sería capaz un hijo de Apolo a suicidarse? Le seguí gritando que no bajase ahí, que nos iba a matar. Pero parecía que no me oía, que mis palabras no existían. ¿Sería posible que muriese nada más salir de casa? Con eso no había contado, no pensé en morir nada más comenzase mi nueva vida–. ¡Por favor Will!

Veía el mar acercarse más y más. Cada vez estaba más desesperada, a pesar de mis gritos Will ni se inmutaba. Moriría ahogada. Quedaban pocos metros para que nos hundiésemos. Seguí viendo el mar acercarse. Y antes de hundirme, el paisaje cambió. No estábamos hundiéndonos en el agua, estábamos en medio de un campo. A lo lejos pude distinguir unas casitas y, más lejos una más grande y azul. El mar rodeaba casi todo este lugar, menos en un lado en el que se distinguía un bosque y arriba en una colina continuaba. Antes había sido solo agua. Miré a Will desconcertada. Él seguía con su sonrisa en la cara.

–¡Bienvenida al Campamento mestizo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario