martes, 25 de noviembre de 2014

#3 Alyssa

Mi madre me miró en silencio durante unos instantes. Ordenando sus ideas. Sabía lo que tenía que decirme pero no sabía cómo. Parecía como si se llevase esperando la pregunta mucho tiempo. Decidí sentarme, y, entonces empezó a hablar.

—No sé muy bien cómo contarte esto —su voz sonaba como siempre, no temblaba, no tenía miedo de decirme esto; no se echó a llorar: había asimilado que este día llegaría— creo que hoy tienes que enterarte de muchas cosas... ¿te ha ocurrido algo raro últimamente?

Durante todo el tiempo que he estado en Irlanda he intentado mantener a mi madre alejada de todo lo que me pasaba. Evitar que ella sufriese más por mi, evitar que tuviese más cosas de las que ocuparse. Pero en ese momento supe que tenía que compartir esas cosas, porque si no, no ayudaría a saber cosas sobre mi.

—En el instituto no suele ocurrir nada extraño. De vez en cuando hago que alguna planta crezca mucho y que cubra las paredes... pero nadie me suele pensar que soy yo, no creen que esas cosas puedan pasar, pero hoy —hago una pausa larga, intentando descifrar lo que pensaba, sin embargo parece como si se lo esperase, como si se hubiese enterado de todo por mucho que intenté guardar las distancias con ese tema—, hoy ha pasado algo más grave. Han estallado unas macetas en clase y... y ha venido alguien a verme... vino volando y me dijo que no era humana. Creí que era una broma, pero ahora no me lo parece... se llamaba Will...

—Will... —susurró mi madre–. Cariño, puede que esto te cueste asimilarlo. Pero deberás hacerlo rápido. No te queda mucho tiempo para lamentarte. Aunque puede que te enfades con migo. Yo solo he buscado los momentos que creí adecuados para decírtelo –hablaba segura y sin vacilar, no quería decirme las cosas delicadamente para que no sufriera, pero no había tiempo.

–Espera. Hay más. Hoy he tenido un sueño. Parecía real. Estaba en casa y luego... luego aquí. Y había alguien que dijo algo sobre una tormenta... una advertencia para que me alejase y pudiese vivir... era muy confuso.

–Ha comenzado... Alyssa tenemos poco tiempo para contarte esto –parecía que había encajado la última pieza del puzzle, uno que trataba sobre mi y que ni siquiera he empezado a resolver–. Will tenía razón, no eres humana.

–Mamá, no lo entiendo –me costaba asimilarlo, era como cualquier otra persona por fuera y supuse que por dentro también; ya me lo habían dicho, pero viniendo de mi madre supe que iba en serio–. ¿Qué soy?

Otra vez esa pregunta. Me había dispuesto a averiguarlo costase lo que costase.

–Puede que te cueste asimilarlo. Eres una mestiza –mi corazón se encogió; esa palabra... recordé mi ventana. Aún no sabía lo que significaba. Aún no sabía lo que era. Pero había dado un paso–, una semidiosa. Eres hija de un mortal y un dios.

Mi cabeza se puso a trabajar. Mi padre... mi padre era mi padre y mi madre una diosa. ¿Entonces qué hacía con la persona a la que creí mi madre? Pensé en mis poderes. Creo que lo entendí mucho mejor. Una de las clases que me habían atraído era la mitología, mitología griega, puede que fuera eso: hija de una diosa griega. Ahora no me pregunto si todo eso es real. Por mucho que digan que la magia no exista, tengo poderes, creerme que los dioses existen no es muy difícil.

–Por eso tienes tus poderes. –Recordé algo de las clases de mitología. Los dioses controlan cosas: Zeus el rayo, Poseidón el mar. Quizá sus hijos heredan sus poderes. ¿Quién sería mi madre? Algo relacionado con plantas–. Tu madre es la diosa de la agricultura... puede que lo entiendas mejor si te digo que básicamente es la diosa de la naturaleza: Démeter.

–¿Démeter?

–Sí. Tu madre es ella.

–¿Y por qué no estoy con ella? ¿Por qué no está aquí siendo mi madre? ¿Por qué estoy contigo?

Por un momento temí que la pregunta la afectara. Pero no pareció inmutarla.


–¿Por qué? ¿Por qué? Se supone que soy su hija. Se supone que una madre tiene que estar con su hija. No abandonarla. No debería irse –dije con furia. Seguí despotricando. ¿Por qué una madre abandona a su hija? ¿Qué clase de madre hace eso? Ah... sí... una diosa. Se creen intocables. Estaba furiosa. Muy furiosa.

–¿Y tus hermanos? Ellos puede que piensen lo mismo: ¿por qué su madre les abandonó?

–¿Her... hermanos? –su revelación me había sorprendido, de todas las cosas que pensé que iba a descubrir hoy, esta era una de las únicas que no había pensado– ¿Quiénes son? ¿Por qué no los conozco?

Durante todo este tiempo pensé que estaba sola. Sola con mi madre. Nunca había pensado en otros familiares. Nunca me hablaron de abuelos o tíos. Y mucho menos de hermanos. Ahora quería encontrarlos.

–Son hijos de Demetér también. Hijos de otros padres. Ahora... ahora están en un lugar en el que te reunirás pronto con ellos. A ellos Deméter también los abandonó.

–Dioses... –susurré.

–Sí, dioses. Abandonan a sus mestizos. Es complicado, pero nunca te crías con ellos. Sn tus padres, pero permanecen tan distantes que es como si no existieran. No se les llega a entender muy bien. Pero sus normas son estrictas.

–¿Y tú? –solté casi sin pensar– Papá murió y mi madre es Démeter. ¿Quién eres?

Era lo primero que había querido decirle desde que bajé las escaleras. Era una pregunta que necesitaba respuesta ¿quién era la persona con la que había pasado toda mi vida? Ahora me resultaba una completa desconocida y no sabía nada sobre ella. Nunca le había preguntado sobre su pasado.

–Es complicado –hizo una pausa larga–. Poco después de que tu padre muriera naciste. Démeter no sabía que hacer contigo. Ella no podía criarte en el Olimpo, nadie lo habría permitido. Los hijos de un dios son importantes para el y aunque no pueden estar contigo siempre te tienen vigilado, de una manera u otra, a todos sus hijos.

>>Podría haberte dejado en un orfanato, pero ella necesitaba que cumplieses algo importante, y quería asegurarse de ello. De que cumplieras el destino de las Moiras. Así que acudió a mí.

Se me juntaron muchos pensamientos al mismo tiempo: ¿Moiras? ¿Por qué una diosa necesitaba que cumpliera un destino? ¿Por qué confiaron en mi madre? ¿Y quién era ella? Pero siguió hablando, despacio y haciendo muchas pausas, asegurándose de que lo comprendía.

–Yo trabajaba en el museo de Ciencias Naturales de Central Park. Me dijo que debía asegurarme de que librases la batalla. De que fueras al campamento en el momento adecuado. Y que conocieses a Will, porque él tiene la otra parte de la profecía. Y que te ocultase de los males. En su momento no lo entendí, pero creo que ahora ya lo entiendo.

Más preguntas y Will volvía a aparecer. Me tomé un tiempo para asimilar la información y organizar mis pensamientos.

–¿Por qué debo librar una batalla?

–Eso es aún más complicado. Cuando piensas en dioses piensas que son poderosos e indestructibles, pero no es así, ni mucho menos. Pueden valerse por sí solos, pero ahora es diferente. Ahora el mundo ya no cree en ellos. Necesitan un apoyo. Necesitan al los semidioses. Alguien que les ayude. Y les costó entenderlo, que ya no eran el centro del mundo y que necesitaban a los semidioses para librar algunas batallas. Y ocurrió hace muy, muy poco.

>>No puedo saber lo que ocurrirá en un futuro, pero los dioses no se suelen equivocar, y te van a necesitar. Al igual que tú necesitarás a Will.

–Moiras... profecía... males... No lo entiendo.

–Es normal que no lo entiendas. A todos los hijos de los semidioses les persiguen monstruos y les atacan. He intentado que no se dieran cuenta de que hay una mestiza en Irlanda, al igual que lo intenté en Nueva York, pero cuando ocurrió eso supe que si no era el gobierno, serían los monstruos los que te perseguirían

–Pero de allí nunca vino nadie a buscarnos. Ni se vio en las noticias...

–Gracias a tus hermanos. Ellos lo ocultaron todo. Esconderte de los monstruos no fue tan fácil, a ellos no les afecta la niebla. Per conseguí que ninguno te encontrase.

Me quedé pensando un rato. No era fácil asimilarlo todo de golpe, pero intentaba hacer un esfuerzo. Aún seguía sin saber nada sobre el campamento, qué era la niebla, quién era realmente Will, qué eran las Mioras, no entendía lo de la profecía y no me quedaba claro quién era mi madre y por qué Deméter confió en ella.

–Mmm... ¿qué puedes decirme sobre la profecía? ¿Cómo sé cuál es?

–Los oráculos suelen ser los que tienen las profecías, pero nada impide que los semidioses no tengan profecías o visiones a través de los sueños. Suelen tener sueños raros. Algo que te avisa sobre algo futuro...

–Mamá, la voz del sueño.... creo que era la profecía. Pero... nunca antes he tenido sueños raros. Ni otras profecías...

–Eso es porque ya está empezando. Está llegando la hora en la que ya no podré protegerte de los monstruos, ni mantenerte alejada del campamento, necesitas aprender a defenderte sola.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Debía irme. Mi madre había estado haciendo estos años mucho más de lo que me imaginé. Pensaba que ahora vivía tranquila, que no debería volver a salvarme, pero la dura realidad es que la di mucho más trabajo del que pensaba. Ahora si no aprendo a defenderme sola, podrían hacerle daño a ella también. Y eso no lo podía permitir.

–¿Cómo era la profecía?

Hice un esfuerzo por recordar las palabras exactas, pero salieron solas.

–Aquellos que veces huyen de nosotros, aquellos que derrotan a los legítimos líderes de la Tierra, sufrirán por siempre, allí donde vallan serán seguidos. La tormenta no ha comenzado, pero nadie se espera que nosotros demos el siguiente paso. Es una advertencia aléjate y vivirás.

Mi madre se quedó pensando un rato con expresión más seria que antes. Al ver que no decía nada empecé a pensar. Tormenta.... no, definitivamente no debía de ser una tormenta como tal. Seguramente algo que tuviese relación con lo de sufrir. Lo que tenía menos claro era dar caras a "los que huyen de nosotros" y "los legítimos líderes". ¿Legítimos líderes? ¿Será algún gobierno? No, ahora que sé que la magia y los dioses existen, creo que esa opción queda descartada.

–No creo que sea una profecía. Es lo que ha dicho, una advertencia. Puede que no la hayas tenido aún, o que sea más complicado de lo que crees.

–¿Entonces debo alejarme? ¿De qué?

–No, no Alyssa. Esto es un poco más complicado... nunca debes abandonar a los semidioses, nunca debes fiarte de los que te digan eso, ya sean Gigantes, Titanes o monstruos. Ninguno va a perdonarte la vida. No te fíes de ellos. Quédate con el resto de semidioses. Es mejor morir luchando que morir siendo una traidora.

Sus palabras me dejaron helada. ¿Iba a morir? ¿Titanes y gigantes? Ahora tenía miedo de ir a donde fuese que debía ir. Sin embargo, las palabras de mi madre se me quedaron grabadas en mi cabeza más profundo de lo que creí: "Es mejor morir luchando que morir siendo una traidora".

Pero necesitaba respuestas: sobre mi madre, la niebla, las Moiras, Will, el campamento, mi madre. Ella sabía demasiado, demasiado sobre esto. Tenía que preguntarle por qué.

–¿Por qué sa...?

En ese momento la puerta se abrió. La luz del sol poniéndose no me dejaba ver qué o quién era lo que había delante de la puerta.

–Alyssa, ha llegado la hora de marcharse. Espero que tengas hechas las maletas.

* * *

Ánimo a todas mis compañeras de cabaña. Gracias a Gleinsmar y a Laura por inspirar esta historia y por estar ahí. ¡Ánimo Deméter!

2 comentarios:

  1. Hola Laura!
    Me encanta la historia, estoy deseando saber lo siguiente, que siempre se corta en la parte más interesante. >.<
    Arriba Deméter!

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    1. Jajajajaja. Eso es lo que pretendo un suspense enorme :3
      ¡Arriba Deméter!

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