viernes, 21 de noviembre de 2014

#2–Alyssa

Los ojos de mi madre seguían clavados en un punto inexistente. Sus palabras me habían dejado helada. Me habían asustado. Temía que lo que hubiese dicho fuera verdad.

–¡No! –mi voz estaba llena de desesperación.– ¡No! ¡Esto es una broma! ¡Es mentira... es mentira! ¡Tienes que ser mi madre!

Pero mi madre no levantó la mirada. Parecía como si ya no estuviese aquí. Supe que no estaba mintiendo. Empecé a llorar.

–No.... no... por favor no... Otra vez no... –la voz me temblaba.– Por qué yo...

"Mi madre" despertó de su trance y me dirigió una mirada de profunda tristeza. Supe que le dolía decirme eso. Pero, ¿por qué? Por qué me ocurrían esas cosas. Ahora sé que toda mi realidad ha estado oculta. Demasiado bien oculta. No pude saber nada de mi padre o poderes hasta que me lo dijo mi madre y ahora me ha vuelto a confesar un secreto. Un secreto que me hizo más daño que el primero. Un secreto que cambiaría mi vida para siempre.

–Cariño, para mí siempre vas a ser mi hija. Siempre te...

–¡No! ¡Fuera! ¡No quiero verte! Ahora no res nadie para mi.

–Alyssa, tranqui...

–No, no mamá. La última vez que dijiste algo así estuviste a punto de morir. No quiero que vuelva a pasar. Fuera. Por favor, mamá sal de aquí.

La mirada de "mi madre" se volvió a perder. Y se marchó. Sabía que la había herido. Sabía que ella me quería, que no hubiese hecho todo aquello de no ser porque me quería. Pero ella también me había herido. Sabía que no era su hija. Ahora tenía miedo, miedo de que después de todo lo que le había dicho me mirase diferente. Eché mi cara sobre la almohada y lloré. Lloré recordando cada pesado día de mi vida, desde el incidente. Lloré por toda mi vida, porque sabía que ahora sería diferente. No quería marcharme. Puede que marcharme hiciese más fácil mi vida, pero no sabía a dónde debía ir. Mi madre sí, pero no quería hablar con ella.

Ahora tenía muchas preguntas que pesaban sobre mí. Quería saber la verdad sobre mi pasado. En qué influyen mi madrastra, mi padre y mi madre. Y dios, quién es ella. Y quién es Will. Por qué mi vida es tan difícil. Siempre he pensado que el día que más sufrí en mi vida fue cuándo mi madre me contó por qué papá nunca volvería. Desde ese día todos los días han sido como una punzada constante en mi corazón, pero creo que todo el sufrimiento por el que he pasado no igualaría al que sentí ese día. Descubrir que vivía en una mentira y que nunca conocí mi pasado. Y puede que soltarlo así sin más un día como hoy, con lo que acababa de pasar.

Recordar cada instante de felicidad en mi vida, por mínimo que fuera me provocaba arcadas. Más ganas de llorar. Puede que si esto lo hubiese sabido antes no hubiese sido feliz. Puede que saber lo de mi padre y ahora lo de mi madre, antes, me hubiese destrozado. Ahora comprendía porque mi madre había alejado tanto esos dos mensajes, para que, aparentemente, me recuperase. Aunque mi madre sabía que era imposible recuperarse del todo de cosas como esas. Pero que debía saberlo.

Me odié. Por ser tan ingenua. Por creer que algo me iba a salir bien en la vida. Por creer que alguien me trataría como una persona. Ni siquiera Will, aquel misterioso chico creía que era humana. Por un momento me asaltaron las dudas, pero está claro que soy humana, no me veo diferente, salvo por lo de los poderes... Me planteé seriamente el ser humana. Un escalofrío me recorrió la espalda... ¿qué soy?

Seguí llorando y maldiciendo mi vida, pero cada vez más flojo. Algo se apoderó de mí. Poco a poco fui sintiendo una sensación de esperanza. Un pensamiento de que todo tenía arreglo. De que todavía las cosas podían salir bien. Algo que no había sentido nunca. De que algún sitio esperaba mi llegada y que debía acudir allí. Abandonarlo todo, darle una nueva oportunidad a la vida. De que quizás hubiese un lugar en el que hacer algo con mi vida.

* * *

Estaba sobre el océano. Me movía. No se cómo. Parecía como si estuviese volando, pero yo no hacía fuerza. Al principio tuve miedo de caerme. Luego vi que todo era igual: que me movía pero que no parecía haber ningún peligro. Me pregunté a dónde iba o dónde estaba. Al no suceder nada, empecé a perder interés. Es algo extraño lo que me estaba pasando, pero a lo mejor sería mejor quedarme aquí el resto de mi vida. Me senté. Me tumbé. Parecía que el tiempo no pasaba. Y entonces lo vi. Vi una costa bordeada de rascacielos. Cada vez estaba más cerca. Cada vez iba más despacio. Pasé por encima de varias islas llenas de bosques y casas, y una zona llena de agua pero de tierra al mismo tiempo, un espejismo. No le di importancia. Ya era suficientemente raro. Entonces llegué a la zona de rascacielos. Fue cuando lo reconocí: Nueva York. Había vuelto.


Sentí nostalgia y horror al mismo tiempo. Nunca pensé que volvería aquí. Me sorprendí recordando caminos, edificios y Central Park. Había cambiado, pero no mucho. Las lágrimas me asaltaron. Recordé la Zona 0, recordé las tardes en el parque, a mi amiga, mi colegio, mi casa, los edificios, las calles... Había vuelto... un lugar que me dio tanto felicidad como tristeza. Ojalá pudiese volver. Ojalá no hubiese hecho eso años antes. Ojalá pudiese volver a caminar por estas calles como si fuera un día normal. Brooklying, Queens, Manhattan... me acordaba de todos. Caminar por esas calles ahora me parecería casi mágico, como si fuese la primera vez que estaba allí, aunque solo era un viejo recuerdo al que me aferraba. Por las calles vi los atascos y la gente que iba y venía. Y llegué allí. Un escalofrío recorrió mi espalda. El lugar había cambiado pero no sé como, lo reconocí; extraño para solo haber ido allí una sola vez. Dos lagos cuadrados, árboles, plantas, caminos...: La Zona 0. Me puse de rodillas y lloré. Estaba encima del lugar que llevaba años intentando olvidar. Ahora estaba cambiada, pero seguía siendo aquel lugar. Cerré los ojos y seguí llorando. No me di cuenta de que volvía a moverme por encima de la ciudad. Cuando abrí los ojos estaba delante de una ventana.Lo reconocía. Era mi casa. Pero era translúcida, como si no estuviese allí. Parecía otro espejismo. La "fuerza" me dejó sobre el alféizar. Y me sorprendí al ver que era más solida de lo que parecía.

Acaricié el marco. Aún tenía las enredaderas que crecieron allí años atrás. Entré. La habitación estaba bastante oscura. Desde dentro o parecía un espejismo. Todo estaba como lo había dejado. Era extraño que nadie hubiese comprado la casa. Cuando nos marchamos dejamos muchas cosas que siempre quise recuperar. Levanté las sábanas y me metí dentro de la cama. Reprimí las lágrimas. Rebusqué dentro de la cama hasta encontrar mi viejo oso de peluche. Me hubiese gustado llevármelo. Olí las sábanas y salí de la cama. Pasé la mano por la cómoda llena de polvo. Caminé hacia el pasillo y me metí en la habitación de mi madre. En la mesilla había una foto de mi padre. La cogí. Recogí algunas cosas que guardaba en mi habitación. Luego fui al salón. Recorrí las estanterías y leí los títulos de los libros, aún recordaba a mi madre leer en los sofás y leerme cuentos en la cama. Me senté en uno de los sillones llenos de polvo. Cerré los ojos e inspiré el aire. Imaginé que todo volvía a ser igual. Que nunca hubiese pasado nunca. Que ahora estaría sentada en ese sofá viendo la tele y los cuadros con dibujos y fotos de Nueva York.

Abrí los ojos. Delante de mí había una chimenea. Las llamas eran lo único que daba luz a la habitación. Ya no estaba en Nueva York. Reconocí el sofá en el que estaba sentada: el del salón de Golway. Suspiré. Todo había sido una ilusión. Ojalá fuese real. Otro suspiro. Iba a levantarme cuando descubrí que no me podía mover. Extraño, pero cierto. Me puse nerviosa. ¿Qué podía hacer?

Noté la presencia de otra persona en la sala. No podía girarme, pero algo me decía que que estaba allí. Sentía escalofríos y sudores fríos. Era el miedo. No miedo a la muerte. Ese miedo inexplicable, cuando sabes que algo va a ocurrir. Los dedos me temblaban, las manos las podía mover. Ví que en el reposabrazos había un espejo, el que mi madre utiliza para ver si me acerco por detrás mientras ella llora en silencio, llorando por mí, por este día. Con cuidado deslicé mi mano hasta él y lo utilicé para ver lo que había al fondo. Me asusté al ver una figura negra encapuchada. Solté el espejo. Intenté hacerme pequeña tras el respaldo del sillón. No moverme. Es ese miedo que tengo, otro inexplicable. Cuando tienes miedo de que esa figura se acerque a ti y te enseñe su cara, porque sabes que no es humana; de que hable contigo; de que sepas que estás allí, aunque sabes con certeza que eso sabe que estás allí, intentando hacerte invisible. Intenté no moverme, no quería que se acercase a mí. Es miedo a lo extraño, a lo desconocido. La misma razón por la que huimos. Por lo que tengo miedo ahora. Miedo a eso que está detrás de mí. Porque sé que no es humano o al menos eso imaginamos en lo más profundo de nosotros.

Seguí allí escondida, encogiéndome cada vez más. El tiempo parecía no pasar. Ambos sabíamos que estaba allí. Pero mi instinto me decía que debía esconderme, que si no me movía no se daría cuenta de que estaba allí.

–Aquellos que veces huyen de nosotros, aquellos que derrotan a los legítimos líderes de la Tierra sufrirán por siempre, allí donde vallan serán seguidos. La tormenta no ha comenzado, pero nadie se espera que nosotros demos el siguiente paso. Es una advertencia, aléjate y vivirás–sus palabras causaron eco en toda la habitación.

Ahora estaba más asustada que antes. La imagen se desvaneció. Intenté aferrarme a ella. Pero tenía los ojos cerrados. Los abrí. Aún estaba en mi habitación. Hacía más frío que antes. Me levanté y me estiré. Aún estaba aquí. Necesitaba respuestas y solo había una persona que me las pudiese dar. Tenía que hacerlo. Estaba decidida. El sueño me ha hacho pensar. Creo que ya sé qué debo hacer, o al menos por dónde empezar. Fuera había helado. Mi ventana estaba cubierta de vaho. Alguien había escrito en ella la palabra "Mestiza". A lo lejos, vi un destello dorado. Un escalofrío me recorrió la espalda. Una media sonrisa asomó en mi cara.

Bajé las escaleras. Mi madre estaba en la cocina, sentada en la gran mesa. Me acerqué silenciosamente. Al verme apartó el periódico a un lado. Tenía los ojos hinchados. Se sentía mal por lo que había hecho, pero sabía que era imprescindible. Reuní todo el valor que pude y lo solté:

–Mamá... ¿que es lo que soy en realidad?

6 comentarios:

  1. Me dejas con muchísimas incógnitas, el sueño me ha tenido abrumada todo el rato, y ese comentario, esa profecía...
    Tengo ganas de más.
    ¡Un besín!

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    1. Me alegra que te gustase. La verdad es que tengo ganas de seguir con la historia... Voy a ver cuando comienzo el tercer capítulo.

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  2. La historia avanza... Me gusta que haya una profecía, le da emoción a todo jajaja Una pregunta, ¿va a salir Percy? Aunque sea de pasada...
    Un beso!

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    1. Jajajajaja. Aunque esté ambientada en la historia original como no conozco todos los detalles estará mezclado entre todo, tampoco conozco el final de toda la trilogía. Lo mezclaré todo y quedará algo raro pero con partes fieles a la historia...
      Jajajajaja, no, no creo que salga con Percy.

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  3. O.O no me dejes asi! Que pasa despues? Dios, espero que subas pronto el proximo capitulo!!
    Me gusta tu blog, eres una grandiosa escritora y eso es lo que mas me encanta de el, es por esto que te he nominado al premio Best Blogger, aqui esta la entrada http://dulceagoniadelalectura.blogspot.com/2014/11/varias-nominaciones-parte-iiii.html
    Disfruta tu premio! Te lo mereces por tan buen trabajo! (Dios bendiga tu escritura *-*)
    Un beso!

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    1. Muchas gracias. Significa mucho para mí que personitas como las que comentan estas entradas estén siempre ahí. Hacéis que entrar en el blog y ver que hay alguien que comenta hace que pe ponga contenta... ¡Muchísimas gracias!

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